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Antonio Papell

El nuevo socialismo

Jordi Sevilla, colaborador precoz de Pedro Sánchez que sin embargo se ha apartado de la política y está ejerciendo su profesión de economista, ha publicado un artículo "De nuevo socialismo", con el mismo título que un libro suyo del 2000, en el que venía a decir que, tras la larga etapa felipista y la resonante derrota de aquel año de la mano de Almunia, había que producir una renovación generacional en el partido semejante a la que tuvo lugar en 1974, en Suresnes. Y, en efecto, al amparo de la corriente "Nueva vía", surgió el liderazgo de Rodríguez Zapatero, que marcó una época y que periclitó con la derrota electoral de Rubalcaba en 2011 y la elección de Pedro Sánchez como secretario general en 2014. En definitiva, Sevilla desea lanzar dos ideas: en primer lugar, los cinco secretarios generales que ha tenido el PSOE desde 1974 han comprometido, al llegar, cambios en caras, proyectos e ideas. Es decir, han sentido la necesidad de hacer un importante corte con el pasado inmediato. En segundo lugar, en cada sucesión, los de antes se han sentido molestos por la marginación a la que, supuestamente, les suelen someter los nuevos. Por tanto, "podemos concluir que no hay nada diferente en la pretensión de Pedro Sánchez de construir un "nuevo PSOE", ni en el enfado que ello provoca en quienes se sienten condenados al mismo olvido, real o no, al que ellos condenaron, en su momento, a sus antecesores".

Al llegar a este punto, Sevilla, que escribe evidentemente al hilo de la relativa soledad en que algunos ubican a Sánchez y de la hostilidad que le profesan sus antecesores (aunque últimamente ha tendido puentes con Zapatero y con González), introduce un elemento decisivo que debería conmocionar a la familia socialista: esta vez, la necesidad de modernización integral del partido es más intensa que nunca, por los cambios de contexto que se han producido, y que, en la práctica, han causado estragos en la familia socialdemócrata europea. De hecho, la necesidad de construir un "socialismo nuevo" parte de la base de que en las elecciones de 2015 y de 2016 ya no se ha reproducido el bipartidismo imperfecto al que estábamos acostumbrados, lo que indica que tanto el centro-derecha como el centro-izquierda tienen que replantearse su posición y su estrategias si quieren recuperar cierta hegemonía.

Pero, además, ha variado el contexto. El viejo capitalismo en el que habíamos construido el estado de bienestar ha cambiado radicalmente y hoy tenemos otro distinto "basado en tres propulsores -explica Sevilla-: la globalización real de la economía que salta por encima de las fronteras nacionales; una revolución tecnológica acelerada que gira en torno al conocimiento (digitalización, inteligencia artificial, big data, robotización) y la amenaza a la supervivencia del Planeta en forma de cambio climático". En este contexto, las viejas recetas ya no sirven, de forma que tenemos que buscar soluciones nuevas a los problemas y planteamientos nuevos, sin perder de vista los grandes valores éticos que están en la base de la izquierda: tensión hacia la igualdad, solidaridad, equidad.

Destaca Sevilla que el cambio principal se ha operado en las fuerzas productivas, de modo que han saltado por los aires las viejas relaciones de producción y el propio pacto social basado en la empresa industrial clásica y el estado nación. El vaciamiento del Estado de Bienestar basado en el trabajo industrial con base nacional ha producido el efecto de laminar las clases medias, mientras engordan los extremos: hay más ricos que nunca y se está instalando una clase trabajadora pobre y sin expectativas que crece y se tensiona hasta el límite del estallido. El populismo es, de momento, la consecuencia incruenta de esta situación, que, sin terapias políticas adecuadas que produzcan las debidas transformaciones, podría llegar a ser explosiva.

En definitiva, la socialdemocracia tiene que experimentar, proponer, idear para sobrevivir al cambio de ciclo. Los viejos socialistas, que tuvieron su etapa de gloria en la gestión del viejo régimen, deberían facilitar de buena fe y no dificultaar esta transformación.

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