12 de febrero de 2018
12.02.2018
Tribuna

Las nuevas relaciones laborales

La ´uberización´ de muchas empresas innovadoras no debería reflejarse en una precarización del trabajo

12.02.2018 | 02:45
Las nuevas relaciones laborales
Con el siglo XXI en nuestro mundo de lleno , con la evolución y la innovación por bandera, las empresas deben liderar el cambio que ya es el presente, una realidad que a la mayoría nos obliga a cambiar la forma de pensar, trabajar y relacionarnos con los demás, ¿ y de legislar? nos encontramos con una nuevo paradigma ante nosotros con las relaciones laborales. "Lo moderno" como llaman algunos, no debe escapar de esa legislación laboral viva y fuerte, a pesar de las actuales situaciones que nos encontramos en noticias, anuncios de empleo y en el día a día de la relación de empresas y empleados: exceso del uso de la figura del becario como herramienta para minimizar los costes laborales, usar la figura del freelance como si valiera todo, cuando muchas empresas no asumen el riesgo de tener falsos autónomos en sus firmas, del abuso de la subcontratación laboral como herramienta para abaratar los costes laborales, de los anuncios en portales web de empleo, muchos rayando la discriminación de cualquier índole, mejor no comentamos determinadas prácticas denunciables, aunque muchos miren para otro lado.

La "uberización" de muchas empresas llamadas o mal llamadas innovadoras no debería reflejarse en una precarización de las relaciones laborales sino en una mejora de los acuerdos individuales y/o colectivos de los mismos y en unas leyes adecuadas a los tiempos que corren. Creo hemos perdido la cuenta de las reformas laborales en los últimos años, es como que se intuye un miedo escénico a cambiar para mejorar, no sea cosa que cambiando algo alguien salga perjudicado, inevitable pero corregible, pero si no modificamos y adaptamos determinadas normas y leyes llegaremos al extremo de vivir en un mundo paralelo donde lo correcto e incorrecto vivirán en un engaño permanente y las leyes servirán para penalizar y sancionar no para conseguir que empresas y trabajadores lleguen a acuerdos necesarios para una paz social, por otra parte necesaria, para poder mejorar el lugar donde vivimos. Se precisan cambios radicales pero útiles, prácticos, eficaces y no a usar –todos los partidos políticos como moneda de cambio– reformas laborales que tiñen de un color u otro, como si fueran cromos en juego.

Las reformas futuras además de mejorar la contratación futura debería modular y regular un nuevo valor en las cuotas de la seguridad social, leer que si no se suben las cotizaciones no se garantizan las jubilaciones es lanzar gasolina al fuego en lugar de plantear alternativas adaptadas a los tiempos que corren. La excusa de la crisis económica a muchos ya no les convence.

Y volvemos al inicio, la empresa debe liderar y sus organizaciones empresariales, las primeras ese cambio tan deseado, pero para bien, donde ese nuevo marco de relaciones laborales parece, que preocupa más lo que cuesta mi empleado que el valor que aporta a mi organización, digo lo parece, porque afortunadamente hay muchas empresas que lideran de forma positiva ese cambio.
Como dijo Miguel de Unamuno, "el progreso consiste en el cambio". Añadiré: pero para mejor en nuestras nuevas relaciones laborales. A fin y al cabo lo moderno ha llegado para quedarse entre nosotros.

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