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Jose Jaume

Desde el siglo XX

José Jaume

Expuesto al ridículo, cercano al desaliento

Dejemos de lado el nítido desfondamiento que exhibe el Gobierno a diario. Es cuestión recurrente, que Cataluña no puede enmarañar. Centrémonos en las consecuencias que la acelerada oxidación del PP tiene en Mallorca, donde el partido todavía hegemónico de la derecha muestra no ya desconcierto, que lo hay a raudales, sino firme convencimiento de que ha entrado en la fase de la que puede esperarse cualquier cosa, ninguna medianamente buena. El PP de Mallorca es, a menos de año y medio de las elecciones municipales y autonómicas, una organización desprovista del sólido liderazgo necesario para aspirar a lo que antaño tenía por otorgado casi por designio divino. El PP mallorquín de 2018 se ha transmutado, al socaire del PP nacional, en instrumento notablemente averiado, que no sabe ofrecer mercancía susceptible de ser adquirida por la mayoría de la ciudadanía.

Observemos la respuesta dada por el PP al anuncio del ministro de Hacienda Cristóbal Montoro de no pagar a Balears los 67 millones de euros que le adeuda. El Gobierno, al tener en berlina la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado, sentencia que no abonará a las comunidades autónomas los millones que les debe. No es una bagatela, porque, y eso es lo fundamental, son éstas las que corren con los gastos que comporta la sanidad pública y la educación, dos de los denominados pilares fundamentales del cuarteado estado del bienestar. Si no hay Presupuestos no hay transferencia de fondos. Política barriobajera, propia del ministro Montoro.

Lo hiriente es que la portavoz de la dirección regional del PP, diputada Nuria Riera, que antaño ocupó cargos en el Gobierno de José Ramón Bauzá, avale el chantaje del ministro (secundada por la delegada del Gobierno, María Salom) descolgándose con que si el actual Ejecutivo balear quiere cobrar lo que ha de hacer es forzar al PSOE a aprobar las cuentas públicas que, contraviniendo la Ley, M. Rajoy todavía no ha remitido a las Cortes. El Gobierno falsea la esencia de la democracia al postergar sus obligaciones; el PP de Mallorca acepta, asume, hace suyo, el chantaje diciendo que o hay Presupuestos o no hay millones. Los ciudadanos, al pairo.

La panoplia argumental del PP de Mallorca es manifiestamente mejorable, considerablemente lamentable. Es la propia de quien se ve con el agua al cuello, la del que conoce lo precario de su situación. En el PP del diluído Biel Company se sabe de estudios demoscópicos que empeoran los nefastos resultados obtenidos por el apiolado Bauzá.

Lo que es susceptible de empeorar, empeorará. El PP regional está en trance de que le acontezca tan nefasto axioma: desaparecido el que fuera seguro anclaje nacional, anda huérfano de liderazgo, carente de ideas y, lo que más le duele, trasteando con creciente desafección. Sólo exhibe estupefacción.

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