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Reino unipersonal

Desde que Margaret Thatcher la acuñó como divisa política en los 80 del siglo pasado, la frase "no hay alternativa" va asociada a un reaccionarismo profundo. Su reiteración, en las poselecciones catalanas, en el argumentario de JxCat para dejar constancia que Puigdemont es el único presidente posible y termina por reducir el problema de la gobernabilidad de un país a un asunto personal. El expresidente fugado quiere ser encarnación de toda una comunidad y no hay Cataluña sin Puigdemont. La supuesta república deviene en el reino unipersonal de quien ni afronta gobernar, porque ello impone regresar y someterse a un proceso penal, ni deja que otros lo hagan, porque perdería todo su potencial político y quedaría poco a poco confinado en el olvido de los fríos y nieblas de Bruselas. El asunto a resolver ya no es Cataluña sino qué pasará con Puigdemont. Esa estrategia reaccionaria de condicionar el futuro colectivo a un único ego cuenta con la complicidad de una presunta izquierda, ERC, que pone el soberanismo por encima de cualquier otra cosa y de otra, los "comunes", que, secuestrada por su indefinición, no se atreve a hacer política y a jugar las cartas que los electores han puesto en sus manos. La suya será una contribución impagable a lo que se está generando en torno al expresidente de la Generalitat: un movimiento independentista de amplio espectro con pretensiones de unificar a todas las fuerzas secesionistas bajo un solo liderazgo. Ahora todos quieren ser Macron. Las elecciones municipales de 2019 son el siguiente hito en esa estrategia, toda una amenaza predatoria para ERC y la antigua Convergencia. Pero la realidad es cruel y se impone de forma imparable por encima de los planes. Pese a los muchos folios que ocupa ya el proceso judicial al procès, el soberanismo se empeña en tomar por algo circunstancial y superable el frente abierto en el Tribunal Supremo, quizá por la obstinación en ignorar la gravedad de sus acciones, que van mucho más allá de unas fiestas de pijamas. En la opción más benigna, ese proceso acabará con la inhabilitación de la mayoría de la cúpula secesionista. Esa es ahora la única pausa que se vislumbra en este juego interminable, si antes los suyos no acaban con el efecto distorsionador de Puigdemont.

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