Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Antonio Papell

Ideología y transversalidad en Cataluña

La formación de Junts pel Sí, una lista unitaria creada para concurrir a las elecciones autonómicas de 2015 y formada básicamente por Convergència Democrática de Catalunya y por Esquerra Republicana de Catalunya, formaciones que habían competido ideológicamente con ahínco desde los albores de la Transición, fue la evidencia más palmaria de que la dialéctica ideológica izquierda-derecha, que había funcionado en Cataluña desde el establecimiento de la autonomía, se había diluido hasta desaparecer en la práctica, arrasada por la dialéctica identitaria entre independentismo o unionismo o, si se prefiere, entre soberanismo y constitucionalismo (los conceptos no son idénticos pero sí intercambiables en este caso).

Prueba de ello es que Junts pel Sí fue en realidad un "movimiento nacional" al que se adhirieron explícitamente numerosas organizaciones sociales tales como Òmnium Cultural, Asociación de Municipios por la Independencia (AMI), Asamblea Nacional Catalana (ANC),? Súmate, Solidaritat Catalana per la Independència,? Reagrupament, ?Catalunya Sí, Catalunya Acció y Avancem€; todas ellas participaron en la campaña electoral, que de hecho no realizó propuestas de gobierno: el programa se reducía a conseguir la independencia.

Sin embargo, en las recientes elecciones, celebradas tras la aplicación del artículo 155 de la Constitución, el Pdecat (antigua CDC) y ERC no quisieron reproducir la lista unitaria, pretendida por el líder de aquella, Puigdemont, pero no aceptada por Junqueras, quien creía ser hegemónico. Puigdemont ha buscado otros apoyos para dar lugar a Junts pel Cat, que le ha dado una ajustada victoria en su pugna con ERC, y ambos han obtenido por separado 66 diputados, por 62 en 2015, pero esta no es la cuestión: el antiguo bloque soberanista democrático ahora se ha fracturado en dos grupos, que aparentemente discrepan al menos en la estrategia.

Tras el 155 y las actuaciones judiciales contra quienes resulten ser responsables del intento de golpe de Estado incruento -el tercero del mismo signo desde 1931, en primero de esta índole en esta democracia parlamentaria—, el factor del que depende sustancialmente el futuro es bien simple: si los nacionalistas que violaron el estado de derecho para proclamar una república independiente están o no dispuestos a acatar la legalidad en el futuro, a jugar en el terreno de juego constitucional, que es el que libremente nos hemos dado los ciudadanos de este país.

Si la respuesta es no, el futuro es fácilmente previsible: tras una previsible deriva hacia la ruptura, volverá a aplicarse el artículo 155 para intervenir las instituciones autonómicas y restaurar el principio de legalidad. Pero si la respuesta es sí, si el nacionalismo o un sector significativo de él decide volver a jugar en el terreno de juego democrático, ya no tendrá sentido basar la dialéctica política en el binomio soberanismo-unionismo y se podría recuperar el otro eje derecha-izquierda, que es el motor político en la democrática Europa. En otras palabras, cabría hablar de afinidades ideológicas entre ERC y el PSC, entre Ciudadanos y el Pdecat, etc. y volvería a haber opciones conservadoras y progresistas dispuestas a cooperar. Conviene recordar que cuando el nacionalismo de CiU no era independentista, este partido pactaba en Cataluña con el PP. Y que ERC, el PSC e ICV formaron ya en este siglo una mayoría tripartita en 2003 que duró varios años.

Puigdemont, un sujeto sin categoría política alguna y prendido en el dilema entre el exilio y la prisión, apostará a buen seguro por el cuanto peor, mejor, pero no debería descartarse que ERC, o que un sector de Pdecat, bajara de las nubes y ensayara encauzar su causa ideológica por otros caminos, como hacen otros nacionalismos europeos, que serían incapaces de violar las constituciones de sus países. Por ello, y porque en principio hay que pensar que nadie violentará las leyes, Arrimadas debería efectuar su propuesta de pacto con quienes le muestren afinidad. Ya se sabe que la antigua CDC y Ciudadanos se repelen en lo tocante al elemento identitario, pero no están lejos en todo lo demás. Convendría pensar seriamente en todas estas cuestiones.

Compartir el artículo

stats