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La noticia de la salida de una nueva novela que continúa la saga Millenium de Stieg Larsson, en manos ahora de otro escritor, debería haber aparecido en la sección de negocios de los diarios y no en la de cultura. Se trata a todas luces de una pirueta mercantil para no perder los huevos de oro ahora que la gallina ha muerto, e incluso el autor del nuevo libro, David Lagercrantz, especialista en recrear vidas ajenas, reconoce que el encargo va de eso, de vestir a Lisbeth Salander „la protagonista de la saga„ de tal forma que no se note el cambio de autor.

Nada nuevo, por otra parte. Los novelistas de más éxito lo son hoy porque han renunciado al riesgo para escribir lo que los lectores reclaman y, así, darse un paseo por cualquier librería que enseñe las novedades supone algo parecido a entrar en unos grandes almacenes en los que hay sólo dos secciones: novela histórica y novela negra, con algún mostrador en que aparecen las biografías de los personajes de la prensa del corazón. Incluso autores en principio tan puros como ése de nuestro país que acaba de sacar un libro y, cuando no lo hace, publica una columna cada semana para insistir en que está enfadado con todo el mundo, cuenta en su nueva novela una historia de espías. Se trata de vender todo lo que se pueda en la primera semana de la vida del libro para ver si hay suerte y lo ponen formando pilas en los establecimientos de El Corte Inglés.

Seguir una fórmula de éxito garantizado es común en el cine, género artístico en el que la saga viene obligada en cuanto una película triunfa. Se puede rodar una y mil veces la misma historia de James Bond, o de Jason Bourne (igual no es una casualidad la coincidencia en las siglas JB) sin que el espectador deje de comprar su entrada. Sólo basta con elegir bien el director de cada nueva entrega para que se ajuste al patrón deseado. Parece que fue el agente editorial de Lagercrantz quien se puso en contacto con los herederos de Larsson para convencerles de que sacar más libro de Millenium era un negocio seguro. Y las virtudes de Lagercrantz para hacerse con el encargo quedaban demostradas por la biografía en la que ha dado vida literaria a un futbolista de esos que conoce todo el mundo.

¿Estamos hablando de literatura? Bueno, parece que se trata de la literatura de ahora mismo, por más que haya quien añore otras formas de escribir. La continuación de Millenium en manos de su nuevo autor ha vendido ya 300.000 ejemplares sólo en España y es ése argumento sobrado para callar las quejas de los puristas. Lo más divertido de todo es que el purista por excelencia entre los autores indignados con la vida de hoy se haya apuntado también a las novelas de espías. Si ha acertado o no es algo que se medirá en términos de las reediciones que alcance su nuevo libro. La gloria literaria se calibra en estos tiempos a través de la cuenta corriente. Es lo que hay.

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