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José Carlos Llop

¿El último gran poeta?

Ha muerto John Ashbery y usted, lector, no sabe quién es. Por eso le pido que no abandone esta página. Le diré que si nuestros hijos fueran anglosajones habrían estudiado a John Ashbery en el colegio. Y no sólo cuatro datos y algunos versos. Pero antes haré cronología. El domingo pasado el inquietante yate -hablo de estética- de un millonario ruso llegó a nuestras costas y el Nerón de Corea reventó una bomba nuclear bajo tierra provocando dos potentes terremotos y lo que no sabemos. El lunes supimos de la muerte de John Ashbery a los noventa años en su casa de Nueva York. El martes hubo luna llena para despedirlo, pero también pasaron cosas extrañas, el martes; pocas buenas. Y como escribo esto en miércoles, nada añado aunque podría, vaya si podría. Los poetas protegen el mundo y acabamos de perder al último gran poeta. Quizá exagere, pero no creo. Para no molestar al lector que no conoce a Ashbery diré que al menos es uno de los grandes poetas de nuestro tiempo y grandes hay tan pocos que, a veces, ni sabemos de ellos.

Conocí su existencia y la de su poesía en invierno de 1985, de la mano de Javier Marías y de Kevin Power. Marías tradujo un maravilloso y extenso poema de Ashbery titulado Autorretrato en espejo convexo y Kevin Power lo contextualizó literariamente y aprendimos. Todo eso ocurría en una de las mejores revistas que se han publicado nunca en España: la revista Poesía, editada por el Ministerio de Cultura, dirigida por Gonzalo Armero y diseñada por Diego Lara. Tanto Kevin Power como Diego Lara y Gonzalo Armero están muertos hace años. Ahora tendrían 73, 71 y 70 respectivamente: todos murieron antes de hora. De Javier Marías no es necesario hablar -nadie lo desconoce- aunque sí recomendar vivamente su última novela, Berta Isla, recién aparecida.

Volvamos a Ashbery, aunque no nos hayamos ido. Hay un denominador común en todos los poetas y lectores de poesía que conocen y admiran -repito: admiran- la poesía de Ashbery: no la entendemos en su totalidad. Y aún así, sin comprenderla del todo, sabemos que estamos ante un lenguaje superior que nos define y enriquece, poseedor de una luz que impide que apartemos la vista. Incluso un gran lector como Auden, cuando lo descubrió, dijo que no entendía nada y después de una segunda lectura añadió: "Sólo es merecedor del título de poeta el que es capaz de adentrarse en las regiones de lo sagrado; de Rimbaud a Ashbery la imaginación sigue aferrada a los valores de lo mágico". ¿Comprenden por qué debemos leer a John Ashbery?

Al castellano están traducidos muchos de sus libros: el ya citado Autorretrato..., Diagrama de flujo, ¿Oyes, pájaro?, Galeones de abril -estoy citando los que tengo en casa y he leído- y cerca de una decena más. Al catalán, uno de los más importantes: Alguns arbres, traducido por Melcion Mateu i Adrover, barcelonés de nacimiento y neoyorquino de adopción, pero con esos apellidos, uno de los nuestros: ya saben, Mallorca siempre está. Como verán, desconocer a Ashbery es casi un acto de voluntad, por no saber que la existencia de los poetas y de la poesía en sí nos salvan. Mucho más en el caso de John Ashbery sobre quien alguien dijo que más que una poética era una religión. Quiero remarcar esto porque existe una fe ashberyana, relacionada con lo que decía al principio del párrafo anterior. Sin comprenderlo del todo, sabemos que estamos ante la gran poesía y un gran poeta. Si las cosas siguen estropeándose tanto como hasta ahora, llegaremos a la conclusión de que Ashbery era el último y que su muerte nos perjudica gravemente a todos.

Si usted desea leerlo después -o a pesar- de lo dicho, le recomiendo empezar con el Ashbery más cercano y comprensible: el de Autorretrato en espejo convexo -que es un poema magistral y está impecablemente traducido al castellano- y algún poema como Los durmientes despiertos -de su libro ¿Oyes pájaro?- que comienza así: "Cervantes estaba dormido cuando escribió El Quijote". Después querrá más, ya verá, entienda la totalidad de ese "más" o no la entienda, que no sería raro. Heredero de Walt Whitman e hijo de Wallace Stevens, él ha llegado más lejos. Tanto que muchas veces es Terra ignota. Salirse del centro para crear centros nuevos con "la impresión constante de otra presencia por debajo" (Kevin Power dixit). Quien lo lee ya no puede olvidarlo.

"Esto es de lo que de verdad va la vida", dijo de sus versos. Porque los poetas velan por el lenguaje de la gran tribu humana y así sostienen el mundo, creando una red de ideas, palabras y emociones tan invisible como inconcebiblemente resistente. El día que desaparezcan el mundo, tal como lo conocemos, desaparecerá con ellos. Desde esta semana sospecho que estamos un poco más cerca de que eso ocurra.

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