30 de mayo de 2017
30.05.2017
Tribuna

Envejecer en femenino

29.05.2017 | 21:49
Envejecer en femenino

El 28 de mayo, establecido por la OMS como día de acción por la salud de las mujeres, todavía se escuchan los ecos de las "Jornadas sobre el envejecimiento en clave femenina", organizadas y celebradas recientemente por Adibs-DonaSana en el Centro Cultural del barrio de Santa Catalina, espacio participativo cuyo objetivo ha sido profundizar en la situación de las mujeres mayores en la actualidad y reflexionar sobre lo que representa en su trayectoria vital el hacerse mayor.

O envejecemos o morimos, este es el imperativo de la vida. Las mujeres vivimos más que los hombres, pero el envejecimiento afecta de manera distinta a ambos sexos, consecuencia de la diferente socialización. Las mujeres pagan esta mayor longevidad con una mala calidad de vida, y además, su percepción de la salud es peor entre las mujeres más mayores, como también ocurre en otros sectores sociales desfavorecidos.

Desafortunadamente, la vejez y el envejecimiento en nuestra cultura no están bien vistos ni valorados. El aumento de la esperanza de vida, paradójicamente, no favorece mejores circunstancias de vida, sino que desemboca en mayor exclusión social, lo que conlleva mayor falta de actividad y, con ello, un empeoramiento de las habilidades y un mayor desgaste del organismo, que se asocia a una mayor incidencia de enfermedad. Sin duda, el aumento de la esperanza de vida empeora las estadísticas de la salud media en los países desarrollados.

Las mujeres, arrastran una mochila importante de sacrificio y trabajo abnegado para los demás, con frecuente maltrato para la salud debido, entre otras cosas, a la falta de perspectiva de género en la sanidad. Y faltaría solo añadir a la visión de la vejez de estas mujeres la historia de maltrato y violencia no detectadas, cuya incidencia arroja cifras altas en nuestra sociedad.


No solo está desacreditado el ser mujer, sino mucho más el ser vieja en una sociedad patriarcal en el que el imperativo más importante a lo largo de la vida de las mujeres es el ser guapa y el estarlo, y donde, además, se te arrincona con la menopausia cuando la función principal a la que estabas destinada ya no es posible. La falta de autoestima, esa que se alimenta de la mirada del otro, es una acompañante frecuente en el ser mujer y más en el ser vieja. "Nos queremos en la medida que nos quieren, nos gustamos en la medida que gustamos".

En este momento en el que tocamos una esperanza de vida de 85,6 años, están envejeciendo mujeres criadas bajo el régimen franquista con su fuerte imperativo patriarcal. Las mujeres de esta época fueron socializadas mayoritariamente para casarse, tener hijos y dedicar su vida al trabajo sacrificado de cuidar a la familia. Trabajo ímprobo que sin embargo, al no ser reconocido ni remunerado como tal, les ha dejado ahora en el momento de envejecer muy pocos réditos. Una parte importante de la población que está en la vejez sobrevive muy precariamente o malvive con pensiones de viudedad y pensiones no contributivas de hasta 400 euros, que hace la supervivencia y la salud muy difíciles.

Sin embargo, las mujeres mayores representan una fuerza de trabajo y una fuerza motora muy poderosa, que sigue preocupándose de sus hijos y nietos de forma abnegada, incluso compartiendo la pensión con los hijos y aportando siempre desinteresadamente a la comunidad. Teniendo en cuenta que el 93% del cuidado lo hacen las mujeres frente a un 7% de hombres, si se cuantificase realmente el trabajo de las mujeres las cifras del reparto del dinero serían drásticamente diferentes. Estudios sobre trabajo no remunerado demuestran que si se facturara el trabajo de cuidados, la cifra sería mucho más elevada que la generada por el trabajo remunerado. Asistimos, desgraciadamente, a una realidad sabida pero silenciada e invisibilizada por claros intereses egoístas de la sociedad.

A la par de las mujeres que impelidas a vivir de acuerdo con el imperativo patriarcal, también están envejeciendo las primeras generaciones de mujeres que sí pudieron elegir, por ejemplo, no tener hijos o que sí han podido desarrollar su proyecto de vida hasta la jubilación, lo que las sitúa en lugares de poder hasta ahora mayoritariamente desconocidos para las mujeres en general, pero que sirven de modelo a seguir, siempre bajo el principio de la sororidad.

En las jornadas, de manera unánime, se ha visto la necesidad de que la Administración comience a buscar fórmulas que se adapten a las nuevas realidades. La realidad nos descubre que el 72,9% de los hogares unipersonales de mayores de 65 años están ocupados por mujeres solas. A pesar de que es obvio que el viejo concepto de familia está cambiando, gracias a los esfuerzos del feminismo, de la multiculturalidad –que ya es una realidad en nuestra sociedad– y de las diferentes identidades sexuales que poco a poco se van reconociendo, sin embargo, la Administración como lento mastodonte, no parece capaz de cambiar y ser mas flexible ante las propuestas de las mujeres que quieren formas diferente de organizarse en su vejez.


Tal vez si conseguimos que la política y la Administración, como ya ha hecho la sociedad civil, extienda su concepto de núcleo familiar mas allá de la familia tradicional a cualquier grupo de personas, que quieran comprometerse a vivir un proyecto en común, como por ejemplo grupos de mujeres que quieren terminar sus días juntas, sean ayudados a establecerse como grupos de apoyo mutuo. Esta es la idea que hace años lleva defendiendo la asociación Ciutat d'Ellas que busca financiación para un proyecto de convivencia independiente de un grupo de amigas, que curiosamente ha encontrado siempre el beneplácito de todas las administraciones políticas de la isla de los últimos quince años, sin que nunca llegara a hacerse realidad. Sin duda una de las conclusiones mas reconocidas en las Jornadas es la necesidad de que desde el sector público se apoyen y fomenten este tipo de iniciativas como una alternativa necesaria al modelo actual de residencias, que ni satisfacen ni convencen a nadie. La mejor forma de dignificar la vejez es reconociendo el derecho de auto organizarse y tomar decisiones en el final de la vida.

* Presidenta de la Associaciò de dones de les Illes Balears per a la salut (Adibs)

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