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El centro de mando conjunto es el nombre que recibe el organismo que dirige -es un decir- la coalición de fuerzas armadas de Rusia, Irán y los demás aliados de Bachar Al Asad, entre los que se encuentran milicias con cabeza visible, como Hezbolá, y otras más bien difíciles de identificar con nombre o apellidos. Llamar coalición a un grupo heterogéneo en el que sólo las tropas expedicionarias rusas se parecen a lo que antes entendíamos por un ejército es uno más de los muchos eufemismos que caracterizan a las guerras actuales como la de Siria. Pero como el otro conjunto, que no se sabe muy bien si es amigo o enemigo de la dictadura siria, el formado por los países europeos y los Estados Unidos, cuenta con parecida niebla en cuanto al compromiso y actividad guerrera, estamos hablando de indefiniciones equivalentes. Desde que estalló la primavera árabe, con gran alborozo de las mentes biempensantes occidentales hasta que se vio dónde llevaban las insurrecciones, estamos en esa especie de confusión permanente acerca de que es lo deseable y lo que se queda en temible. Por poner un ejemplo adecuado, ni siquiera es fácil saber qué resulta preferible, que el dictador salvaje El Asad se vaya o se quede.

Por suerte para la claridad de ideas, el presidente Trump, haciendo gala una vez más de su capacidad enorme para hacer cualquier cosa menos la que se espera que haga, ha despejado el panorama al bombardear la base de Shayrat. Los aliados de Al Asad amenazan con tomar represalias si vuelve a hacerlo -¿por qué no se toman ahora mismo?- pero a nadie se le escapa que quien está detrás de esa amenaza es Rusia. Más luz sobre las tinieblas, porque si nadie entiende el barullo de las milicias tanto suníes como chiíes o kurdas que pululan por Siria, y el conflicto entre Moscú y Washington, viniendo de lejos, había quedado en los últimos tiempos un tanto confuso, al menos este último pulso nos devuelve a los cauces habituales.

La vuelta a la normalidad tampoco parece, por desgracia, completa del todo. El mando conjunto de la coalición que sostiene a El Asad, es decir, Rusia, echa en cara a los Estados Unidos que la presencia de las tropas norteamericanas en territorio sirio es ilegal. ¿Sólo esas tropas? ¿Sembrar de misiles tomahawk una base extranjera no lo es, salvo que medie una declaración formal de guerra? Pero semejantes melindres diplomáticos ya no existen. Las últimas guerras al estilo antiguo -como las de Irak- se llevaron a cabo, que yo recuerde, sin declaración bélica alguna por medio y las más recientes libradas en términos de atentados terroristas ni siquiera se plantean cómo ni a quién habría que declarar nada. La barbarie está reñida siempre con las formas pero en ocasiones mucho más, como sucede cuando a un dictador se le ocurre gasear a su propio pueblo. Imagino que a Trump se le da una higa que le digan que lo que decide no es legal. Queda por mal, si una solución o bien otro disparate.

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