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Matías Vallés

Al Azar

Matías Vallés

En Siria todos son peores

Siria se parece incluso fonéticamente a Serbia, por si alguien necesita más pistas sobre las candidaturas a sede de la Primera Guerra Mundial del siglo XXI. Se disputará con las armas químicas estrenadas en su homónima del siglo XX. En el país artificial se entrecruzan los intereses bélicos de Estados Unidos, Rusia o Irán. Han trasladado al entorno damasceno las ferias de armamento que se celebran en los emiratos árabes, pero con fuego real. Según es costumbre, la elección europea de bando depende del pánico que las distintas partes en conflicto puedan suscitar. Isis se lleva la palma, de ahí la repentina buena química occidental con Assad.

En Siria se libra la guerra de los malos contra los peores, preludiada en la excelente Syriana de George Clooney. A Assad le basta con negar cada ataque químico ante la mirada comprensiva del planeta, porque le gana en crudeza la hipótesis de Isis, que también recurre a la mostaza química. La confusión resultante llega al punto de que tiene que precisarse que el último bombardeo aéreo con agentes químicos tuvo lugar en una zona controlada por Al Qaeda, que es una organización burguesa para el Estado Islámico. En España sin ir más lejos, ha de resultar curioso que la organización responsable del mayor atentado de la historia de Europa se convierta en una entidad benéfica a proteger.

Obama dividió las guerras en necesarias como Afganistán y opcionales como Irak. Sin embargo, Estados Unidos ya no puede permitirse el gasto ni los cadáveres de un conflicto, al margen de su necesidad. El penúltimo presidente trazó sobre el desierto sirio la "línea roja" de las armas químicas, pero permitió que Assad se la saltara con impunidad. Se considera el mayor error de sus mandatos, una modernización de la célebre frase de Roosevelt sobre Somoza. "Es un hijo de perra, pero es nuestro hijo de perra". Las consideraciones humanitarias se detienen en los foros intelectuales, hasta Trump se apea de sus fanfarronadas cuando el dictador sirio concreta sus amenazas gaseosas en gases venenosos.

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