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El final de la epidemia de Zika

La epidemia sudamericana Zika que se inició en 2016 sigue su avance aunque parece ralentizarse. Tras un inicio explosivo y expansivo, el número de nuevos casos parece estar estabilizándose. Todo ello a pesar de que no disponemos de ningún tratamiento antiviral específico ni de una vacuna experimental. En general, la evaluación del riesgo a nivel mundial no ha cambiado. El virus Zika se sigue propagando geográficamente a zonas en las que están presentes los vectores competentes. Aunque en algunos países se ha registrado una reducción de los casos de infección por este virus, en algunos países o en algunas partes de estos se debe seguir manteniendo una vigilancia activa.

En España desde enero de 2016 se han comunicado 407 casos de Zika confirmados, de los cuales todos excepto dos, que se trasmitieron por vía sexual, se adquirieron por picadura de mosquitos y se les ha considerado como casos importados. Desde diciembre de 2016 se ha observado un descenso muy importante en el número de casos. El origen mas probable de los casos en España ha sido la República Dominicana con el 24.9% y Colombia con el 15.7% de todos ellos; han afectado algo más a las mujeres (63%) y se han visto casos con edades comprendidas entre 0 y 82 años. En Baleares hemos detectado tan solo 7 casos importados.

Desde 2007, 76 países y territorios han notificado transmisión vectorial del virus Zika (70 de ellos desde 2015 en adelante). 29 países o territorios han notificado casos de microcefalia y otras malformaciones del sistema nervioso central posiblemente asociadas a la infección por el virus Zika o que sugieren infección congénita. En 2016 se comunicaron más de 300.000 casos confirmados, aunque debido a que la mayoría son asintomáticos muchos miles más quedarían sin diagnosticar. De este modo la Organización Panamericana de la Salud calcula que sé podrían producir más de 3 millones de casos en los próximos años. Este valor se ha establecido de acuerdo con los casos anuales de dengue que se trasmiten por el mismo mosquito.

Esta extraordinaria expansión y difusión del virus Zika es el principal argumento utilizado por los epidemiólogos para predecir que el final del Zika no está lejos. Cuanta mayor cantidad de personas se infectan más se incrementa la inmunidad global de una población, de modo que las personas pasan a ser inmunes o a estar protegidas de forma natural frente a esta infección. Por ello cuando vuelven a ser picadas, el mosquito aunque les trasmita el virus, éste ya no consigue reinfectar al huésped. La disminución del número de personas susceptibles determinará que la epidemia se extinga por si misma en un período de tiempo escaso. Algunos epidemiólogos calculan que si se siguen infectando las personas al ritmo actual, es posible que en un período de 3 a 5 años la epidemia de Zika desaparezca espontáneamente de sudamérica.

En esta situación, lo más probable es que el Zika se convierta en una enfermedad endémica en estos países y se produzcan brotes epidémicos de escasa magnitud en zonas no protegidas por la inmunidad natural. Esta situación podría durar unos 10-15 años hasta que nazcan las nuevas generaciones que carecerán de inmunidad frente al virus y por ello susceptibles a la infección natural. Por lo tanto tras un período de una gran disminución de casos y de sus consecuencias, la endemia podría volver a convertirse de nuevo en epidemia.

Debe recordarse que el control humano de la infección por Zika, al igual que la del dengue, es tremendamente difícil, dado que las poblaciones de mosquitos de las zonas afectadas están sometidas a variables climatológicas y ambientales (lluvias, humedad, temperatura) que escapan al control del ser humano. Se debería haber actuando muy al principio de la epidemia para implantar severas medidas de contención, pero una vez la epidemia se consolida en una zona geográfica, su control ambiental es casi nulo.

Si aceptamos la hipótesis de la extinción espontánea del Zika, deberíamos no tratar de controlar la expansión de la misma. Ya que sólo si afecta a más del 85% de la población se obtendría el beneficio de la inmunidad poblacional y se pondría en marcha el descenso y eliminación natural de esta enfermedad. Las medidas humanas, en este caso, podrían ralentizar la propagación de la infección y alargar artificialmente la duración de la epidemia actual. Por ello algunos estudios analíticos aconsejan dejar que la naturaleza siga su curso y simplemente aplicar medidas de contención o de actuación en los casos de enfermedad grave.

La llegada de una vacuna frente al Zika será de nuevo, como pasó con el Ébola, tardía y posiblemente sólo aplicable a los recién nacidos sin contacto previo con el virus. Su objetivo fundamental será la protección de las niñas antes de la edad fértil, como se establece con la rubeola, para inducirles una respuesta inmune que las proteja de la infección durante el embarazo y evite las complicaciones y secuelas neurológicas de los nacidos infectados.

Sin embargo la vacuna deberá ser analizada muy meticulosamente ya que una de las complicaciones de la enfermedad son las polirradiculitis o neuritis periféricas (síndrome de Guillain-Barré). La administración de una vacuna no debería inducir este tipo de respuesta inmunológica sino tan solo una de tipo celular protectora. Además si no está disponible en un breve período de tiempo, no podrá ensayarse en grupos humanos amplios ya que el virus apenas circulará entre la población. Deberá estudiarse en poblaciones limítrofes no afectadas y sus respuestas utilizadas como marcador de eficacia vacunal. Esta hipotética vacuna podría ser utilizada por las personas que viajen en el futuro a los países que queden como endémicos y de este modo evitar los casos adquiridos e importados que son los que nos preocupan en nuestro país.

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