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Diario de Mallorca

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Al Azar

Cati Cladera no es Boyer

En todo Govern o Gobierno, el titular de Hacienda se siente superior a los restantes integrantes del gabinete. Es el sumo sacerdote de las cifras. O la suma sacerdotisa, en el caso de Cati Cladera, pronto llegaremos a ella. La condescendencia autocomplaciente de los hacendistas alcanzó su cénit en el primer ejecutivo de Felipe González, que entregó el candado de los números a Miguel Boyer. Pronto se supo que el economista infalible cabalgaba sobre su sabiduría para fustigar la indigencia numérica de sus compañeros de consejo de ministros. Su hiriente autosuficiencia debía chocar por fuerza con el Guerra, que lo derribó. Jorge Semprún apunta en sus memorias gubernamentales que el guerrismo superó pronto en virulencia al boyerismo.

Volviendo a nuestra protagonista de hoy, Cati Cladera no es Boyer. Pese a la distancia astronómica, quiso emular al atildado deslenguado en el Consell de Govern del pasado viernes, desde una efervescencia poblera que le ha ganado la solidaridad personal de Jaume Font. Es superfluo agregar que la víctima propiciatoria era Vicenç Vidal. El conseller de Medio Ambiente sirve tanto para cargar con los despropósitos de Biel Company o con la aniquilación a cargo de la titular de la hacienda autonómica. Provocación mediante, y tras una larga serie de desencuentros en anteriores reuniones. Las secuelas del pacto PP/PSOE no perdonan ni a quienes han blasfemado contra la alianza.

Cladera tiene fama de haber pagado un elevado precio personal por su dedicación obsesiva al trabajo. Le ha faltado la solemnidad de Boyer. Ha aflorado una historia de amores despechados en el Govern, con la guinda política del abandono de Més capitaneado por Fina Santiago, ante la ausencia ya habitual de Biel Barceló. ¿Y Armengol? Wasapeando con Pedro Sánchez. Los ecosoberanistas se largaron de cervezas hasta que la consellera acudió a rescatarlos bañada en lágrimas. Es fácil acusar de morbosos a quienes advierten contra la convivencia de las pasiones sentimentales con las políticas, tal como ocurre en el ejecutivo autonómico. La presidenta acaba de pagar la primera factura sonora por esta confusión, pero no será la última.

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