Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Cuaderna

Sectarismo institucional

La semana pasada tuvo lugar la apertura solemne del Parlament, para iniciar el nuevo curso político tras las elecciones del 24M. Dos hechos relevantes acaecieron en esta "solemne" sesión plenaria; la elección de los senadores autonómicos, señor Antich y señor Bauzá, y el discurso institucional de la nueva presidenta del Parlament.

Es precisamente el discurso institucional de la presidenta el motivo de este comentario. De las palabras por ella pronunciadas se destila un sectarismo sin precedentes en la cámara balear, por parte de presidente/a alguno. Y es que ella ha querido hacer gala de sus raíces comunistas, lo cual respeto profundamente, pero no comparto en absoluto, tanto por razones históricas como intelectuales. El problema no es que sus raíces sean de tinte comunista, sino que en base a ellas ha querido ilustrar a sus señorías, desde una falsa autoridad moral, de la que suele hacer gala la izquierda, para transgredir y manipular la historia. Tener hoy la desfachatez de ensalzar lo que significó la II República para España, es equiparable a tener la desfachatez de querer ensalzar "los cuarenta años de paz" de la dictadura franquista.

Es impropio que, después de cuarenta años de la muerte del dictador, haya alguien que quiera poner a cero el reloj de la historia en el alzamiento del 18 de julio de 1936, pasando por alto el golpe de estado que supuso el advenimiento de la Segunda república el 14 de abril del 1931. Y sobre todo es perverso mutilar la historia en beneficio de unos ideales que pretenden presentar a la Segunda República como el ágora de la libertad y la democracia.

Sería demasiado extenso introducirnos ahora en disquisiciones históricas de la realidad española del siglo XX, para entrar en reivindicaciones trufadas de sectarismo. Es por ello que reivindico la herencia del 78. Sí, yo no quiero sentirme heredero de la Segunda República, ni de la Guerra Civil, ni del franquismo. Quiero sentirme heredero, y me siento heredero, del espíritu de reconciliación que puso en marcha la productiva y ejemplar transición española, que desembocó en la primera Constitución de todos y para todos que ha tenido España, superando de una vez por todo el drama de las dos Españas. La Constitución del 78.

Yo quiero sentirme heredero de la monarquía de Juan Carlos I, auténtico ariete de esta transición y de la Constitución, que tan brillantemente ejecutaron, Suárez, Felipe González, Carrillo y Fraga, entre otros. La Transición fue clamorosamente rubricada por el pueblo español en el referéndum de 1976, dando paso así a los pactos de la Moncloa de 1977. Todo ello culminó con el referéndum de aprobación de la Constitución de 1978; que por cierto cosecho un 87% de votos afirmativos. Esta es la herencia que debemos reivindicar, que debemos salvaguardar, que debemos mejorar y que bajo ningún pretexto debemos permitir que nadie nos la destruya o nos la robe.

Y esto señora presidenta, no tiene nada que ver con que no debamos hacer memoria de la crueldad de los crímenes habidos; antes, durante y después de la Guerra Civil. Esto no tiene nada que ver con el legítimo derecho que tienen los familiares de las víctimas, sean republicanos o nacionales, de recuperar la memoria de sus seres queridos y darles digna sepultura. A todos ellos debemos prestar toda nuestra atención y consideración.

Señora Presidenta, no caiga en el error de convertir el púlpito de la presidencia de la cámara en plataforma de adoctrinamiento sectario y menos en beneficio de una ideología que representa, junto al nazismo, la crueldad institucionalizada en los países donde ha gobernado. No me refiero al Marxismo, que con algunos de sus postulados me puedo sentir identificado, desde una perspectiva de análisis intelectual. Me refiero claro está, a la puesta en práctica del marxismo bajo el sistema político del comunismo.

No nos haga volver ni a las "checas", ni a los "paseíllos", ni tampoco a la "cruzada nacional"; porque "aquel que no conoce la historia, está condenado a repetirla", dijo Napoleón Bonaparte, o bien, el nada sospechoso", Paul Preston que dijo: "Quien no conoce su historia está condenado a repetir sus errores". Parecidas las dos. Y para que no me llame sectario, sería bueno que leyéramos las memorias de Azaña, las investigaciones de Paul Preston, o bien sumergirse en las reflexiones de Salvador de Madariaga. Ahí van dos: "Intuía que el pueblo español estaría con la República, pero vislumbraba tres peligros: el idealismo intransigente de los extremistas de izquierda, queriendo imponer la Arcadia para hoy mismo; el coletazo o contramarea de la extrema derecha, y las rivalidades ideológicas, que desmenuzarían al centro. No era probable que la República durase mucho ni que viviera en paz interior", y "el alzamiento de 1934 [socialista y anarquista] es imperdonable. La decisión presidencial de llamar al poder a la CEDA era inatacable, inevitable y hasta debida desde hace ya tiempo. El argumento de que el señor Gil Robles intentaba destruir la Constitución para instaurar el fascismo era, a la vez, hipócrita y falso. Hipócrita porque todo el mundo sabia que los socialistas de Largo Caballero estaban arrastrando a los demás a una rebelión contra la Constitución de 1931, sin consideración alguna para lo que se proponía o no el señor Gil Robles; y por otra, a la vista de que el señor Companys y la Generalidad entera violaron también la Constitución".

Asi las cosas, le propongo que abracemos todos juntos esa tercera España surgida de la transicion y que es la nuestra. Hoy nuestra obligación es despojarla de dogmatismos, y rechazar el discurso totalitario, venga de donde venga. No más sectarismo institucional, sea dicho con todo respeto

Compartir el artículo

stats