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Llorenç Riera

Mujer, ilusionada y reivindicativa

Francina Armengol tuvo un día el sueño de ser la primera autoridad de Balears. Hoy, cuando lo inalcanzable se convierte en realidad, todavía debe pellizcarse para calibrar la veracidad del evento. Su sonrisa tiene serias dificultades para convivir con otros dos inquilinos de su cuerpo experimentado en la política. Son la emoción ilusionada del acontecimiento y el peso de la alta responsabilidad adquirida. Los temblores y las lágrimas son comprensibles por humanos y sirven para vestir de sencillez y proximidad a la nueva inquilina del Consolat de Mar.

La primera mujer presidenta del Govern. Francina Armengol quiso comenzar su discurso de toma de posesión dando realce histórico a este hecho y reivindicando la memoria de las féminas que, sobre todo en la guerra civil, entregaron su vida por las libertades, la democracia y los valores cívicos. Siempre con un inequívoco planteamiento de izquierdas, la presidenta Armengol, no hizo discriminación positiva y también recordó a los varones que vieron marcada su vida por las mismas causas que hoy le permiten a ella asumir la máxima responsabilidad institucional de las islas.

Si ha habido un común denominador en el debate parlamentario previo de investidura ha sido la constante alusión a literatos y pensadores cuyas sentencias o versos sirven para enmarcar la realidad actual y las perspectivas de futuro. La presidenta siguió ayer el mismo sendero. Siempre es más segura la expresión ajena consolidada y clásica que la reflexión propia de nuevo cuño.

Francina Armengol se esforzó hasta lo indecible para contentar a todos. Tiene referentes lúcidos. Se mostró consciente de que el paro es la principal lacra de Balears y afirmó tener constancia de que la crisis ni se ha ido ni está precisamente de vacaciones en Balears. Por lo menos sabe dónde está y a qué se enfrenta. El ánimo que intentó infundir y la suerte que deseó a su Govern paritario serán imprescindibles para el éxito de la tarea asumida.

La toma de posesión fue una fiesta socialista con invitados y presencias afines en la que lo institucional fue más bien austero y discreto.

Pedro Sánchez tuvo oportunidad de comprobar que estas islas también existen y Ximo Puig y Miquel Iceta aliviarse con la certeza de que el archipiélago no es una excepción. Francesc Antich fue el homenajeado y el ministro de Justicia, Rafael Català, el mayor aludido en primera persona, como representante del Gobierno, en el discurso próximo y reivindicativo de la presidenta Armengol. La presidenta se dirigió a él para hacerle patente que una Comunidad insular que a su vez es potencia mundial en turismo no puede renunciar al régimen fiscal especial ni a los fondos estatutarios. O que necesita mejorar y normalizar las conexiones aéreas. Quedan por batir tanto las desigualdades individuales como colectivas.

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