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José Carlos Llop

Para todos tenía tiempo

La semana pasada murió Juan Graves, uno de los cuatro hijos mallorquines del poeta, aunque el único nacido en la isla sea Tomás, el menor. Fue Tomás Graves, quien escribió la necrológica de su hermano, donde decía que "inspiró a toda una generación de músicos locales, no tanto por su técnica sino porque como Wilko Johnson o Keith Richards, encapsulaba el espíritu del rock"n roll, pero sin sus excesos". Tenía 70 años y quiso morir en su casa de Son Coll entre los suyos. Tomás Graves -con quien había fundado la Pa amb Oli Band- escribió que su hermano Juan era "una pieza clave en la vida y el paisaje de Deià: todo el mundo le quería y para todos tenía tiempo".

La frase "para todos tenía tiempo" nos habla de un carácter personal, el de Juan Graves, pero también de un don que existía en la Mallorca donde crecieron los hermanos Graves. Para todos tenía tiempo. Una Mallorca que se respira en las páginas de los libros del propio Tomás -desde Volem pa amb oli al delicioso Un hogar en Mallorca. Guía práctica de la casa y la vida rural- y en la memoria insular de su hermano William, Wild Olives, titulada aquí Bajo la sombra del olivo. Y también esto, en cierto modo, forma parte de la herencia del poeta Graves, que está, además, en el rostro de todos sus hijos. Y de manera muy especial y marcada, estaba en el de Juan.

Cuando supe de su muerte -al día siguiente de haberse celebrado su funeral- busqué en youtube el poema que le dedicó su padre: A Juan en el solsticio de invierno. Ahí estaba la voz profunda de Graves -la voz del oráculo de la Diosa Blanca- recitándolo: There is one story and one story only/ That will prove worth your telling... -Sólo hay una historia, una historia sola/ que merezca ser contada por ti...- y había ahí un sentido nuevo, como de oración, en el poema escrito al nacer el hijo y recitado ahora que el hijo acababa de morir. Recitado por el poeta que lleva treinta años muerto y permanece vivo tanto en su poesía como en nuestra memoria, infinitamente más pobre que sus versos. Y cuando uno oye There is one story and one story only, piensa en nuestro magnífico Això era i no era...

A Juan en el solsticio de invierno es un poema lleno de simbolismos, que encierra la poética más compleja (y alejada de la tradición Hardy) de Graves -zodíaco, Diosa Blanca, elementos primigenios, leyendas y mitos primitivos...- y al mismo tiempo los deseos para que el hombre lo sea: "Cae mucha nieve, los vientos braman huecos/ ulula el búho en el saúco,/ el miedo en tu corazón suspira por la copa/ del amor: entre pena y pena vuelan las espiras/ y el viejo tronco se queja y confiesa:/ sólo hay una historia, una historia sola./ / Habita en su bondad, habita en su sonrisa/ y no olvides las flores/ que el gran jabalí pisoteó en el tiempo de la hiedra".

¿Hasta qué punto la persona que provoca un poema conoce lo que hay detrás de él y lo que ha provocado? Nunca lo he sabido, pero sí supe al escuchar los versos dichos por Graves y releerlos luego traducidos, que en la música que Juan Graves interpretaba y en sus dedos sobre la cuerdas de la guitarra también caía la nieve y ululaba el búho y él recordaba que sólo había una historia que contar, una sola historia€

Habitaba en la sonrisa que había evocado su padre y conocía las flores que el gran jabalí había pisoteado en el tiempo de la hiedra. Por eso - el poder de la poesía siempre nos interpreta, incluso antes de existir y conocernos-, como escribió su hermano Tomás, para todos tenía tiempo. "Si se cruzaba con alguien por la carretera, paraba el coche, apagaba el motor y bajaba la ventanilla para conversar". Lo cuentan quienes lo trataron: fue un deianenc más. Tanto entre payeses como entre pescadores. El lenguaje de las cosas esenciales estaba escondido en los versos de su padre y supo desentrañarlo sin hacer ruido: A Juan en el solsticio de invierno. La música ya fue cosa suya. Como una manera de entender la bondad, el silencio y el respeto por los demás. Para todos tuvo tiempo, escribió su hermano Tomás. Deià fue su casa y su refugio y en Deià permanece para siempre. En un lugar donde ya no existe el tiempo.

Postdata: hoy domingo, día 14, la librería parisina La Hune cierra para siempre. Hace dos o tres años tuvo que abandonar su lugar original -frente al Café de Flore, en el boulevard Saint-Germain-. Donde estuvo hay desde entonces una tienda de Louis Vuitton. Se trasladó entonces al espacio donde había estado la librería Le Divan, muy cerca de la iglesia germanopratense. Tampoco ahí ha podido resistir los tiempos. La librería que se abrió hace setenta años y por donde pasó primero la tropa surrealista parisina, después Sartre y la Beauvoir, y más tarde toda la intelectualidad europea cierra, repito, para siempre.

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