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Antonio Papell

El PP no remonta

Los electores que han desertado del PP en estas pasadas elecciones locales no han tenido un destino claro, como puede verse de las siguientes consideraciones matemáticas:

El PP obtuvo 7.876.000 votos en las municipales de 2003 (frente a 7.999.000 del PSOE); 7.760.000 en las del 2007 (frente a 7.916.000 del PSOE); y 8.474.000 millones en las de 1011 (frente a 6.276.000 del PSOE). En las de 2015, el PP logró 6.058.000 votos (frente a 5.603.000 del PSOE). En estas últimas elecciones, Ciudadanos obtuvo 1.468.000 votos.

De estas cifras se desprende que el PP solía obtener en las elecciones locales unos 8 millones de votos, al igual que el PSOE, con un importante repunte en 2011, cuando la crisis había estallado y el PSOE se hallaba en horas muy bajas: entonces el PP alcanzó los 8,5 millones en tanto el PSOE cayó hasta los 6,3 millones. Y en las recientes elecciones del 24M, el PP ha perdido 2,4 millones de votos con respecto a las anteriores? y no todos los desertores han ido, como cabía imaginar, a Ciudadanos. Hay un millón de votos populares que se han esfumado, lo que parecería indicar que un esfuerzo del PP antes de las próximas generales podría permitirle recuperar buena parte del respaldo perdido. Siempre que encuentre energías e ingenio suficientes para obrar el prodigio.

En el hemisferio derecho del espectro, el PP no tiene otros competidores (Ciudadanos terminará siendo seguramente su socio natural, aunque ni mucho menos incondicional, ya que Albert Rivera no querrá enajenar completamente su autonomía poniéndose en manos de una sola formación política), y el PSOE sí tendrá que ganarse a pulso el espacio político tradicional que ha ocupado en todo el trayecto democrático, en el que también trata de ubicarse Podemos, con la pretensión de desbordar el espacio que ha ocupado tradicionalmente Izquierda Unida y arañar parte del espacio socialista (de ahí las pretensiones socialdemócratas de que alardea Pablo Iglesias).

Este estado de cosas sugiere que el PP no tendría especiales dificultades en recuperar parte de la clientela perdida, que no ha sido aún captada por otras formaciones y que, de no variar las circunstancias, irá directamente a la abstención. Aunque naturalmente, para congraciarse con quienes ya han desertado conscientemente, harían falta reclamos de gran calado capaces de devolver a los electores siquiera una parte de la confianza perdida por los engaños el incumplimiento del programa y, sobre todo, por los episodios de corrupción.

Algunos analistas de la órbita conservadora, que desarrollan estos razonamientos, muestran perplejidad ante el hecho de que Rajoy no muestre sin embargo la menor intención de rectificar la andadura con el fin de recuperar parte del terreno perdido en la competición electoral. No se le ve la sana irritación que sería lógica ante la acumulación de episodios detestables la detención del delegado del Gobierno en Valencia colma el vaso de la degradación regional y debió haber suscitado ipso facto responsabilidades políticas internas en quienes patrocinaron su nombramiento. Ni se advierte el ímpetu que sería de desear para renovar el partido, abriendo las compuertas, provocando debates, facilitando la circulación de elites y buscando todas las conexiones perdidas con la sociedad.

Así las cosas, todo indica que podría repetirse el esquema de las locales, con los dos grandes partidos en el entorno del 25% de los votos. Y el desmoronamiento de la derecha cuando el populismo emerge en el sector izquierdo del panorama político no es una buena noticia para este país, que ha sido arrollado por la crisis, que a su vez ha sacado a la luz todos nuestros defectos y nuestras impotencias.

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