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Llorenç Riera

Empleo atado a los servicios y al verano

Hubiera sido imperdonable que ya en las proximidades del mes de julio y con las reservas turísticas a punto de rebosar, los datos del paro registraran cifras negativas. Estaba cantada de antemano la tendencia al alza, sólo faltaba confirmarla con refrendo oficial. Balears sigue liderando la competición de las regiones españolas en cuanto a la creación de empleo y no sólo eso, toma ventaja destacada pero, pese al vigor de las cifras, no logra la estabilidad. Permanece atada a una estacionalidad sobre la que ahora ha quedado cerrado un nuevo nudo, el de la precariedad ya prácticamente endémica.

Es verdad que la recuperación afecta ya de lleno a todos los sectores y que el paro de larga duración baja hasta el 14,8%, pero 23.099 isleños en estas condiciones significan todavía 4 de cada 10 de los 58.823 parados con que se cerró el mes de mayo en este archipiélago.

También ha bajado de forma significativa el desempleo juvenil pero, con todo, los logros obtenidos sólo toleran la comparación de la situación actual con la que se vivía en las islas en 2009. A este ritmo y salvo nuevos sobresaltos, se volverá dentro de un año a la situación previa a la crisis. Eso en cuanto a cifras, número de ocupados y demandantes de empleo. Hablar de condiciones y calidad es otro cantar. Buena parte de los contratos que se sellen seguirán llevando el cuño de la precariedad. Los gobiernos municipales y los ejecutivos insular y autonómicos que se están formando tendrán mucho que hacer en este sentido. El apartado laboral será una buena vía para dejar patente su condición izquierdista o progresista.

En ningún caso podrán refugiarse sobre el hecho de que el empleo ha crecido un 11,3% o en la reducción del paro en el 11,8%. Ni siquiera en la medalla de llevar 25 meses creando empleo y 31 reduciendo el paro. Estos logros, con toda su vestimenta positiva o de liderazgo nacional que suponen, no consiguen todavía satisfacer la demanda local de trabajo. Tampoco responden a la calidad deseable ni a la diversificación laboral no dependiente del turismo y que, desvinculada de la estacionalidad, debería inyectar solidez y estabilidad al tejido productivo balear.

Para corregir la situación sabemos de momento que la patronal aspira a alargar la temporada turística, un objetivo que, pese a su lógica, el empresariado minorista y los sindicatos ven demasiado dependiente de la industria predominante y por eso lo considera limitado. Las islas necesitan incrementar los 467.456 afiliados a la Seguridad Social con que cuentan hoy. Para ello resulta imprescindible ser capaces de hallar nuevos campos de actuación. El ritmo del 5,3% de creación de empleo anual en estas islas, casi dos puntos por encima de la marca nacional, puede tener todo el liderazgo que se quiera, pero no logra superar las barreras de la fluctuación inestable.

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