07 de diciembre de 2014
07.12.2014
Editorial

Una acusación muy grave que debe tener consecuencias

07.12.2014 | 02:45

Miguel Deyá, el recién dimitido director general de Educación, Personal Docente y Universidades del Govern balear realiza hoy en Diario de Mallorca una acusación de máxima gravedad contra la consellera de Educación, Núria Riera, y la jefa del Servicio de Empleo (SOIB) del Govern, Xisca Ramis, candidata del Partido Popular para las próximas elecciones municipales en el municipio de Lloseta. Deyá confirma punto por punto la información publicada el sábado por Diario de Mallorca y acusa directamente a Riera y Ramis de haberle presionado para que cometiese la irregularidad de saltarse la lista de interinos y trasladase a Mallorca a un profesor que está en Menorca porque Xisca Ramis quiere contar con él como pieza clave de su equipo en la próxima campaña electoral en Lloseta. Deyá se negó a cometer la irregularidad que se le exigía y presentó su dimisión irrevocable, pese a haber sido designado como elemento fundamental dentro de la estrategia del PP para intentar recuperar la normalidad en el muy conflictivo territorio de la Educación balear.

La acusación es tan directa y contundente que sería incomprensible que la consellera Núria Riera no diese una explicación razonada o recurriese a los medios legales oportunos para defender su imagen ante una declaración que le atribuye un comportamiento inaceptable en un cargo público. En la misma situación se encuentra Xisca Ramis, responsable nada menos que de un Servicio de Empleo que debería estar gestionado por personas de comportamiento intachable. Hasta el momento, Núria Riera ha negado todo aquello de lo que se le acusa e incluso recurrió para hacerlo a su casi permanente sonrisa durante el acto de aniversario de la Constitución celebrado ayer en Palma.

La dimisión de Miguel Deyá a los dos meses de su nombramiento, ha sido el último serio incidente en un departamento tan relevante y sensible como el de la política docente, que desde el inicio de la legislatura y bajo las directrices de José Ramón Bauzá no ha conocido la normalidad. El presidente nunca ha emitido un mensaje tan fallido como el del día en que prometió, a comienzos de su mandato, que esta etapa de gobierno sería la de las "autopistas de la educación". Ha sido –sobran hechos para demostrarlo – la de los caminos absolutamente llenos de baches y dificultades. Esta legislatura no sólo está perdida en materia docente sino que deja graves secuelas de cansancio y desilusión en la comunidad educativa, con clara repercusión social y que serán muy difíciles de borrar. Resulta inexplicable e imperdonable el modo, casi despectivo, con que se han hecho las cosas en la conselleria de Educación en varios momentos del mandato. El fracaso del Tratamiento Integrado de Lenguas (TIL), contestado clamorosamente en la calle y desautorizado en los tribunales, ha sido sólo el máximo exponente de una sucesión de errores que apenas tienen atenuantes. Sobre todo porque Bauzá no reconoce la más mínima equivocación e insiste en pavonearse de que el TIL no ha causado ningún conflicto. De hecho, este fue el eje central de su reciente aparición en la televisión pública IB3, en una entrevista concebida exclusivamente para su lucimiento y que ha supuesto el destape descarado de la estrategia planificada por el entorno de Bauzá para utilizar los medios de comunicación públicos al servicio de sus inmediatos intereses electorales.
Miguel Deyá se marcha con una acusación contundente contra la consellera Riera y la jefa del SOIB. En su despedida también hay un amargo lamento por no haber tenido poder de decisión ni de maniobra real sobre el cuerpo de inspección. La dimisión de Deyá, el mismo día de las elecciones sindicales y coincidiendo con la retirada del primer expediente disciplinario abierto al director del instituto de Marratxí, se convierte en una demoledora nueva denuncia de la gestión educativa impuesta a modo de apisonadora y lejos del consenso por el Govern de Bauzá.
Educación ha conocido a tres consellers distintos en lo que va de legislatura. Después de Rafel Bosch, demasiado condescendiente con unos modos políticos contradictorios con su trayectoria personal, la imposición de Joana Maria Camps, con Guillem Estarellas de conseller en la sombra, convirtió el departamento en poco menos que un teatrillo de marionetas con mano de hierro. Desgastada esta imagen, la llegada de Núria Riera pretendía un nuevo talante, un tono más amable y cordial, pero la acusación de Deyá deja claro que lo esencial sigue igual o peor.

No hay manera de hacer un balance positivo de la gestión del actual Govern en materia educativa. La precariedad y la inseguridad normativa, generadas fundamentalmente por el TIL de Bauzá, marcarán una huella de déficit formativo en las generaciones que ahora están en los centros de primaria y los institutos de secundaria.

Hemos insistido en la necesidad de diálogo y consenso para introducir sosiego en las aulas y en los despachos de Educación, pero las acusaciones de Miguel Deyá reflejan un deterioro sumamente grave en la gestión de esta conselleria y dejan absolutamente tocada a su titular, Núria Riera, que está obligada a dar explicaciones creíbles porque nada menos que uno de sus directores generales la está señalando como responsable de presionarle para que cometiese una irregularidad.

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