26 de noviembre de 2014
26.11.2014
Tierra de Nadie

Una lección impagable

25.11.2014 | 20:01
Una lección impagable
"Tener los contactos engrasados", esa es la expresión. Se la escuché hace tiempo a alguien con quien he perdido el contacto. Las conversaciones, como las casas, contienen recovecos en los que no reparas hasta que sales de ellas. ¿Cómo era aquel hueco que había debajo de la escalera; cómo, aquella frase que pronunció Fulano mientras revolvía el café? Ah, ya:

Yo tengo mis contactos muy bien engrasados.

Tener los contactos engrasados significa que si un día, hace diez años, conociste en una cena a un directivo del Banco de Guipúzcoa, en el caso de que exista ese banco, estuviste luego mandándole regularmente una tarjeta de Navidad y una felicitación por cada cumpleaños, quizá provocaste un encuentro cada seis meses y le llamaste para preguntarle por sus hijos cada tres. De ese modo, si un día le necesitas, no tienes que andar recordándole dónde os conocisteis, en qué circunstancias, etc.

Tener los contactos engrasados es agotador. Has de dedicarle al asunto una jornada laboral, pongamos que media. Y no puedes bajar la guardia porque un contacto bien engrasado durante cinco años puede oxidarse en apenas seis meses. Has de mantener la regularidad con la que llevas el coche a la revisión. Hay contactos diésel y contactos gasolina. El diésel es más frío, pero aguanta 20.000 quilómetros sin revisión; el gasolina, 10.000. Personalmente, tengo todos los contactos desengrasados por un problema de carácter. Soy bajo en grasa al modo en que otros son bajos en leucocitos. Tengo nombres y teléfonos de personas a las que no llamo desde que las incluí en mi agenda.

En España, somos muy dados a engrasar los contactos con complementos de Loewe y cacerías de ciervos. Con aceite del caro, en fin. El Bigotes, que era un hortera, podía telefonear tranquilamente al mismísimo presidente de la Comunidad Valenciana y tratarle de amiguito del alma porque metía aceite en la relación por un tubo. A lo que hemos asistido en los últimos años en España es a un cursillo acelerado de cómo mantener los contactos vivos como el primer día. Se trata de una lección impagable. A ver si la sabemos aprovechar.

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