Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Llorenç Riera

Bastante más que una mutilación física

Aalgunos choques culturales producen auténticos chispazos sociales y dramas personales que, desde su propia naturaleza incompatible, resultan muy difíciles de afrontar. Pero, al mismo tiempo, si se encauzan de manera adecuada, a pesar de su aguda problemática, pueden solventar degradaciones humanas y mejorar la salud personal y con ello también la colectiva, porque una cosa comporta la otra.

Desde el punto de vista de los valores en boga de la sociedad occidental y de los derechos humanos adquiridos con esfuerzos y sacrificios históricos, resulta incuestionable que la mutilación genital femenina es una práctica no sólo deleznable, sino también punible. Constituye pura agresión física y psicológica al cuerpo, la dignidad y la más elemental condición humana de la mujer.

Sin embargo, lo que aquí es motivo de indignación y piedra de escándalo, por carencia de argumentos compatibles con la salud y el respeto a la persona, se vuelve práctica ancestral y habitual -casi un hecho religioso y de veneración a los antepasados- en bastantes países subsaharianos.

Si tenemos en cuenta el alto flujo migratorio que se ha producido en los últimos años desde estas latitudes hacia Mallorca, no resulta complicado adivinar que el riesgo de la práctica de ablaciones en la isla, o de que niñas residentes aquí la padezcan en otro sitio, más que potencial, es real, sin paliativo ni atenuante alguno. Alrededor de la nefasta y bárbara costumbre de la mutilación genital femenina se mueve un oscuro mundo subterráneo muy difícil de hallar y de delimitar, pero que necesariamente habrá que afrontar porque, aún respetando la identidad de origen, en Europa no existe ni puede existir razón cultural, religiosa o carente de valor médico que pueda mutilar los árganos y el placer sexual de las mujeres.

Metges del Món, desde el altruismo, la lucha por la igualdad de género y la profesionalidad sanitaria, ha comenzado a adentrarse en este mundo, impenetrable y opaco, de la ablación del clítoris. Un estudio que será presentado hoy cuantifica en unas 400 el número de niñas menores de 14 años, residentes en Mallorca, que están en riesgo de ser sometidas a esta práctica.

El peligro real no está tanto aquí, porque hablamos de inmigrantes, muchas veces en situación irregular y que conocen las consecuencias de los problemas que podría causarles cualquier dificultad surgida de una ablación, sino en su potencial práctica durante la visita, quizás hecha con tal propósito, a los países de origen. Por eso Metges del Món reivindica el establecimiento de un protocolo a seguir, igual que ya se está haciendo en comunidades como Aragón, Navarra o Cataluña. La ablación es un problema sobrevenido en Balears. Habrá que afrontarlo. Es cuestión de dignidad humana.

Compartir el artículo

stats