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La cocapitalidad Madrid-Barcelona

Jaume Collboni, candidato del PSC a la alcaldía de Barcelona, ha pedido en Madrid una reforma federal de la Constitución "que reconozca el papel de cocapitalidad de Barcelona" para que de manera "formal o plástica" asuma "la plurinacionalidad del Estado". En definitiva, este político ha resucitado el sueño de Pasqual Maragall de trasladar el Senado a Barcelona, "la capital de un país que se considera en gran medida nación".

La idea es brillante, y si se adoptase con magnanimidad, contribuiría a poner fin a las acusaciones de centralismo solapado bajo los mimbres de un estado de las autonomías que en realidad ha preservado el ascendiente imperial de Madrid, en medio de un claro desdén político hacia la periferia.

En estos tiempos en que las comunicaciones han abolido las distancias, no hay objeciones fundadas a una descentralización real que impulse la sensación de que el Estado es policéntrico, plural, variado, capaz de acoger todas las sensibilidades y dispuesto a fomentar el trasvase fecundo de todas las identidades territoriales. De otro modo, la concepción de la organización estatal como un corsé continuará provocando tensiones centrífugas que en un cierto momento se volverán incontrolables.

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