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Matías Vallés

Al Azar

Matías Vallés

Isern aprende de Rodríguez

En el PP mallorquín, los imputados no son candidatos porque imponen a los candidatos. El día en que el neumático José María Rodríguez proclamó para Cort a la alcaldesa de Llucmajor, me envió un recado acusándome de maniqueísmo, aunque no utilizó esta palabra que probablemente confunde con masoquismo. "Tú todo lo divides en buenos y malos", me amonestaba el jefe de Bauzá, "y solo te recuerdo que Isern no es de los buenos". Pretendía destapar la villanía encubierta del edil, pero en realidad lo deseaba dócil y apelmazado. El cobarde farmacéutico nunca hubiera actuado contra el alcalde de Palma, de haberle creído capaz de revolverse. Rodríguez le garantizó que el reumático señorito palmesano se resignaría a su ejecución sumaria.

Rodríguez y Bauzá, impagables como dúo de teleserie cómica, olvidaron la máxima maquiavélica -o maniquea, o masoquista- de que el enemigo debe ser fulminado, porque su peligro crece al dejarlo malherido. Tras la rueda de prensa en que humilló el discurso del farmacéutico en el debate del Estado de la autonomía, Isern seguía en Cort. Desangrado pero con firma. El contenido detrítico de su denuncia sobre la recogida de basuras no sorprende a nadie, y probablemente se queda corto en sus apreciaciones. Frente a lo que se ha dicho, la sorpresa no surge por su origen en el propio PP, sino por provenir de un personaje al que se daba por amortizado.

Rodríguez lleva tres años lamentándose de que Isern no le obedece. Ahora emplea idéntico histrionismo de soprano para quejarse de que el edil aplique milimétricamente sus métodos de guerra sucia. El manso ha aprendido la lección, le copia, le paga con la misma moneda. Lástima que el alcalde vigente durante medio año más no emprendiera su recorrido terrorista negando la vergonzosa legalización del pisito millonario de Bauzá, que desfigura el entorno de la Catedral. Por culpa del hoy jihadista Isern, el farmacéutico es el president que más se ha enriquecido en el Consolat. Sin embargo, también se puede dormir intranquilo sobre un colchón relleno de billetes.

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