Creo que fue Rajoy, hace unos días, quien, a propósito de las ocurrencias que día sí día no vierte el secretario general del PSOE sobre la sufrida ciudadanía, se preguntaba sobre qué conejo más se iba a sacar de la chistera. Sin duda, Pedro Sánchez ha hecho aportaciones valiosas al recetario de cómo reaccionar a la más candente actualidad. Por ejemplo, al auge del Estado Islámico que reivindica Al Andalus, con sus ramificaciones en Ceuta y Melilla, proponiendo la desaparición del ministerio de Defensa. Al incremento de delitos de violencia de género, reclamando la presencia del presidente del Gobierno en los funerales de las víctimas, otorgándoles la condición de funerales de Estado. Al desafío independentista y a la crisis política y moral en que está sumido el país, con la propuesta de reformar la Constitución para diseñar un Estado federal; sin que sepamos si debe ser simétrico o asimétrico sin que sepamos muy bien en qué consiste tal asimetría, aunque nos olemos que no consiste sino en la conservación de los privilegios fiscales del País Vasco y Navarra y en la entronización de unos nuevos para Cataluña. Pero es curioso que, dentro del recetario para regenerar la democracia de todos los partidos con presencia en cualquiera de las instituciones políticas, incluyendo a Podemos, claro, no hay ninguno que proponga la reforma del sistema electoral que la posibilitaría. Sí ya sé que UPyD o IU, también Podemos, proponen cambiar el sistema para hacerlo más proporcional suprimiendo el número mínimo de diputados por provincia. Pero si el principal problema es la partitocracia, el sistema proporcional lo mantiene porque subsistirán las listas electorales, cerradas, bloqueadas, abiertas, semiabiertas o de cremallera. Listas es sinónimo de control burocrático, de ingeniería social dirigida desde arriba. Lo único que puede acabar con la partitocracia es el sistema mayoritario de circunscripción uninominal. Solamente éste, con su déficit de representación, asegura la relación estrecha entre elector y elegido. Nadie lo propone aparte de algún francotirador en columnas de opinión. Por tanto, es una advertencia compasiva: Lasciate ogni speranza. Este país va a seguir dando tumbos. De Guatemala a Guatepeor si por desventura el bacilo de la cólera y la venganza consigue empoderar a Podemos. Lo último es sacarnos de la OTAN cuando la marabunta ruge ya en el Sahel.

Puede que Rajoy no nos anonade con ocurrencias día sí día no; de hecho lo que nos anonada es su nada; ninguna propuesta razonable que, de forma optimista, pudiera ser incluida en un hipotético proyecto de futuro para este país. Para tan altas misiones tenemos a Esperanza Aguirre. La antigua presidenta de la Comunidad de Madrid y actual presidenta del PP madrileño; la misma que accedió al poder autonómico tras el escándalo del tamayazo; la misma bajo cuya responsabilidad se situaban, además de los alcaldes corruptos de la Gürtel, Jesús Sepúlveda, el marido de la Mato, el albondiguilla, etc., consejeros como López Viejo y el actual presidente Ignacio González, el del ático de Marbella, o su vicepresidente Francisco Granados, jefe de la red delictiva desarticulada en la operación Púnica; la misma que controlaba el consejo de administración de Caja Madrid, ha dicho que no tiene ninguna responsabilidad política sobre esta zahúrda que la obligue a hacer mutis por el foro. Ha pedido perdón y se ha apresurado a ponerse en primera fila de la manifestación en protesta por la corrupción. Y que todo eso no iba con ella lo ha pretendido aclarar estableciendo unos exámenes de honradez dirigidos a los candidatos a ocupar las alcaldías desalojadas no se sabe si por cartagineses o romanos.

Creíamos que ya lo habíamos visto todo. Roldán en calzoncillos con meretrices; el gobernador del Banco de España en la cárcel; Felipe González diciendo que se había enterado del GAL por la prensa; el senador canario Casimiro Curbelo agrediendo borracho a policías tras estafar a más putas el PSOE le sigue manteniendo como presidente del Cabildo Insular de La Gomera; la herencia de Pujol y los Ferraris de su hijo Jordi; el presidente progresista del Tribunal Supremo reivindicando ir en primera clase por la relevancia del cargo; el tenso torso del vigoréxico Aznar en Marbella; o la incomparable pareja marxista de Cospedal y Floriano. Pero no, nos faltaba la última ocurrencia de la simpar Esperanza Aguirre que, para demostrar lo honrada que es, ha puesto en marcha una nueva tomadura de pelo a propósito del acceso de nuevos militantes de su partido a las alcaldías madrileñas vacantes.

La escenografía era terrible, en Génova, con candidato/a frente a un pequeño número de dirigentes del PP de Madrid que hacían preguntas a cuál más surrealista, como si tenían dinero negro en Suiza o si tenían antecedentes penales. Así se hizo con los examinados de Villalba y Valdemoro, Mariola Vargas y David Conde, ante los medios de comunicación. Después se ha sabido que todo era un montaje ensayado de antemano por dos hombres de la máxima confianza de Aguirre y el responsable de telegenia del partido, en el que se les facilitaban las preguntas que les iban a hacer a los examinandos. Todo de una cutrez insuperable. Ilumina sobre la categoría humana y política de los dirigentes del PP madrileño, que no se diferencia con rotundidad de lo que supone el nivel medio de los políticos españoles, en esta caricatura berlanguiana del examen que hace el Senado de los EE UU a los candidatos del presidente a ocupar cargos de responsabilidad, el cínico desparpajo con el que pretenden hacer pasar una grotesca parodia de rectitud moral en paradigma de lucha contra la corrupción. Y les sale el tiro por la culata hasta el extremo de que la candidata Mariola Vargas, rechazando radicalmente la posibilidad de prácticas corruptas, arguyendo que "no soy un perro judío" estropea la burda propaganda. La señora, rubia teñida, cristiana vieja, cuyos estudios de medicina no la han rescatado de los prejuicios xenófobos e intolerantes de la España negra, se ha excusado aduciendo haber empleado una expresión corriente del lenguaje coloquial. El mismo del que se reclaman por nuestros lares con sensibilidad exquisita los que, refiriéndose a los xuetes, utilizan expresiones como "xuetonarros". Es toda una definición de lo que significa el lenguaje del poder atribuir el uso coloquial del mismo de los antisemitas al uso coloquial del conjunto de la sociedad; también de lo que tiene de autojustificación moral, reflejada por el refrán "cree el ladrón que todos son de su condición". No aciertan ni cuando rectifican.