La embajada española de Holanda ha disparado las ventas de Victus hasta alcanzar cifras estratosféricas. Con ese fin decidió recurrir a un amago de censura presionando al Instituto Cervantes de Utrecht para frustrar la presentación de la novela de Albert Sánchez Piñol el pasado jueves. La embajada española denunció, a través de una histérica emisaria, que la novela de aventuras Victus carecía de rigor histórico y el Instituto Cervantes cedió ante semejante argumento, vetando la presentación del libro, que ya debe de estar agotado en las librerías de Amsterdam. Es de agradecer, de entrada, con qué ahínco y entusiasmo los delegados españoles en el extranjero promueven nuestra literatura.

Algún insensato ha relacionado la inicial de la novela Victus con una instigación al voto en fechas próximas a la consulta catalana. Es decir, que esta novela puede inducir a cometer actos propios de la democracia. Si Victus se convierte en estandarte del cataluñismo no será por voluntad de Albert Sánchez Piñol, sino más bien por la torpeza de aquellos que no han leído la novela (escrita en lengua castellana) y mienten al afirmar que lo han hecho durante las últimas vacaciones. Alegar que Victus hace apología de la democracia equivale a que El guardián entre el centeno de J.D. Salinger incita al asesinato sólo porque Mark David Chapman llevaba encima esta novela cuando disparó a John Lennon.

A los esfuerzos de la embajada española en Holanda hay que añadir el apoyo incondicional de Soraya Sáez de Santamaría, quien ha declarado que "el aplazamiento se debe a las presentaciones en corto espacio de tiempo que se están produciendo del mismo libro. Me imagino que se retomará el asunto cuando se considere que, por circunstancias de su presentación en tiempo y forma oportunos, sea el adecuado". De tal modo la vicepresidenta del Gobierno manifiesta, creyendo que no ha dicho nada, su aprobación al aplazamiento de la voluntad de Jordi Pujol a comparecer ante el Parlament para dar explicaciones sobre sus dineros en el extranjero, al menos hasta después de la Diada, el debate de política general y la aprobación de la ley de consultas (todo ello muy apretujado en apenas una semana).

Para quien crea que la censura de un libro pueda hacer tambalear la democracia, cabe recordarle que Mariano Rajoy ya se está encargando de reforzarla tratando de reducir el porcentaje de votos necesario para presidir una alcaldía. A todo eso resulta inevitable acordarse de la mítica frase de Walter Ulbricht, líder comunista de la Europa del este en 1945, cuando sentenció que "tiene que parecer democracia, pero debemos tenerlo todo bajo control".

* Empresario