Hay cosas que nunca cambian. Una de ellas es las ganas de actividad febril que le entra a la clase política cuando se aproxima la comparecencia ciudadana ante las urnas, mucho más si las elecciones por convocar son locales y autonómicas. Es el caso de 2015, un año marcadamente electoral. No extrañará, por tanto, que en el ejercicio actual, los políticos hayan vuelto a poner su mirada en las obras públicas de su competencia. Este es uno de los principales motivos por los cuales las empresas dedicadas la construcción vuelvan a experimentar ahora, sin exageración, una cierta alegría.

Las carreteras y los edificios inacabados estaban igual de mal al comienzo de la legislatura, pero entonces la crisis y la necesidad de sanear las arcas públicas eran utilizadas como excusa de cualquier inactividad. No es que las cosas hayan cambiado mucho desde entonces en este sentido, pero la proximidad de las urnas en el horizonte inmediato hace que las cosas se vean de otra forma y también se reaccione de modo diferente. Es un comportamiento que, no por extendido, deja de delatar falta de rigor y seriedad, notable inmadurez, pero que, por reiterado, se da por asumido y probablemente por válido, aunque por ello no dejaremos de reivindicar que las obras públicas deben emprenderse cuando son necesarias y no tanto en el momento en el que se les atribuye cierta rentabilidad política, prácticamente a modo comercial. Con 92,7 millones de inversión en el primer semestre de este año, la obra pública se ha triplicado con respecto al mismo ejercicio del año anterior.

El otro gran factor de animación de una construcción balear que todavía no está para alzar cohetes, se arrima al mundo del turismo. En este sentido, los hoteleros de las islas han entendido que no caben parones. Los establecimientos capaces de reciclarse ganan estrellas y mayor capacidad de captación de clientes asociada al incremento de tarifas. De ahí que se estén llevando a cabo muchas obras de reforma. En el periodo apuntado se han destinado 40 millones a ello. Con lo uno y lo otro, al alcanzar la mitad del año, la inversión de la actividad constructora se ha incrementado en un 18%, teniendo en cuenta que se partía de valores bajos.

Pero, a expensas del efecto que puedan deparar las nuevas medidas de abaratamiento del coste del dinero que acaba de adoptar el Banco Central Europeo, la verdad es que, todavía hoy, el crédito sigue sin fluir, motivo que deja en muy ligera la mejora constructora por lo que respecta a la vivienda particular. La inversión privada permanece debilitada. También queda estancada en los centros comerciales. Las mejoras empiezan a notarse en el aspecto laboral, pero todavía de manera insuficiente. No hay trabajo para todos lo cual esta provocando que, por lo que respecta a la obra pública, se esté licitando muy a la baja. Con escaso margen.