12 de junio de 2014
12.06.2014
Tribuna

La abdicación y la crisis del régimen del 78

12.06.2014 | 06:30
on motivo de la abdicación del rey Juan Carlos I, se han escrito miles de páginas en los periódicos, la absoluta mayoría describiendo, exhibiendo un dudoso gusto por el servilismo más desmesurado, una infinidad de virtudes políticas, personales ¡y hasta deportivas! del todavía rey de España. Algunas páginas, muchas menos, se han referido a la relación entre esta abdicación y la crisis del régimen del 78. ¿Cuáles son los síntomas de la crisis de este régimen que también algunos hemos llamado de la segunda Restauración?
Destacaría al menos cinco síntomas. El orden que sigo no presupone una importancia ni creciente ni decreciente. El primero sería el deterioro del bipartidismo monárquico español del PP y del PSOE, espectacularmente agravado y confirmado en las recientes elecciones al parlamento europeo.

El segundo y muy importante síntoma es la irrupción en escena del llamado "conflicto territorial" en el reino de España. A destacar el gran movimiento democrático catalán por el derecho a decidir y cómo ha sacudido a la sociedad y también a los partidos catalanes y españoles. Hay quien relaciona este movimiento por el derecho a decidir con la crisis económica. Creo que para entender ambas cuestiones mejor, la crisis y el movimiento democrático por el derecho a decidir de Cataluña, debemos no mezclarlas. Por supuesto que hay puntos de intersección, pero hay algo que todo el mundo puede constatar: la crisis y las políticas económicas puestas en funcionamiento han golpeado a la población no rica en Cataluña, La Rioja, Asturias, Cantabria, Extremadura, Madrid y Murcia, pero la oleada por el derecho a decidir se ha dado en Cataluña y no en La Rioja, Asturias, Cantabria, Extremadura, Madrid o Murcia. Cualquiera que lo piense puede entender por qué. Pero una parte de la izquierda no lo ha entendido así. Y oigo a menudo a personas con una indudable vocación de izquierdas afirmar cosas como "sí, queremos ser independientes, pero de los mercados también". Solamente cabría hacer una pocas preguntas para abreviar: ¿es que si Cataluña lograse la independencia política del Reino de España sería más dependiente de los mercados de lo que lo es ahora?, ¿es que el derecho a decidir no pone patas arriba el régimen surgido de la segunda Restauración borbónica?, ¿es que el proceso democrático catalán no puede ser una ayuda a la autodeterminación española en defensa de una república contra la monarquía borbónica? Uno de los más impresionantes ejemplos de partido destrozado por este proceso catalán es el Partido Socialista de Catalunya. No creo necesario recordar que el "federalismo" del PSC, que explica en parte su hundimiento, es de lo más hipócrita y falso: no existe un federalismo que merezca el nombre de tal sin reconocer el derecho de autodeterminación. El PSC no reconoce tal derecho, su federalismo es unionismo monárquico sin más. Las elecciones europeas han convertido al PSC en un partido casi marginal, en pleno proceso de "pasokización". No es lo único que está agitando este gran proceso de movilización en Cataluña. También intelectuales, escribidores, periodistas... ya sea de primera o de tercera división, decían hace tan sólo pocos meses que el soufflé se desinflaría pronto, que la magnitud del proceso tampoco era tan grande, que todo iba a ser manipulado por la derecha (todavía hay alguno que lo repite incansablemente)€ Más leña al fuego de la crisis del régimen del 78 español o de la segunda Restauración borbónica, representa la declaración el pasado 29 de mayo del parlamento de la comunidad autónoma vasca proclamando el derecho de autodeterminación de Euskadi.

El tercer síntoma sería el gran deterioro de la representación política. Este deterioro se ha producido por variadas causas, pero hay tres que cabe destacar: la extendida corrupción, la sumisión a los grandes intereses empresariales y, lo que es corolario de lo anterior, el desvergonzado y habitual trasvase entre grandes empresas y cargos políticos (y viceversa), lo que se ha llamado "puertas giratorias".
El cuarto es el desprestigio de la familia real borbónica, completamente involucrada en asuntos de corrupción, escándalos, opacidad absoluta en el gasto de su presupuesto público€ Según New York Times en la edición del 28 de septiembre de 2012, el rey disponía hace menos de dos años de un patrimonio de aproximadamente 2.000 millones de euros. Mucho dinero.

Y el quinto, el ataque a las libertades y un aumento de la represión. Una serie de leyes y de reformas legales ya aprobadas o en proceso de serlo (ley contra el aborto, leyes mordaza, la reforma del poder judicial€) que tienen una característica en común: el ataque a las libertades. Muchos regímenes en sus momentos finales muestran su cara más represiva. Estamos en uno de estos casos. Represión selectiva, claro. Al exdirigente de la patronal española y estafador compulsivo, Díaz Ferrán, le han caído dos años, a Fèlix Millet, otro estafador compulsivo, un año y€ a los trabajadores andaluces que forzaron el cierre de una taberna en la última huelga general, les han caído cuatro años. Toda una proporción de clase con una formulación de ley que podría rezar así: menos pena a mayor riqueza. Hay más síntomas, pero con esos cinco ya hay para derrocar imperios.

(*) Profesor de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona y presidente de Red Renta Básica

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