Francisco ha comenzado su reforma de la Iglesia con una encuesta, para que cada obispo opine sobre lo que hay que hacer, después de consultar a su rebaño. Pero la cultura de las encuestas para afrontar problemas se manifiesta en los más diversos ámbitos. Influirá el desconcierto en los puentes de mando, la quiebra de las metas que había en la carrera y la incertidumbre que lo impregna todo. El oráculo ahora, de pronto, es la gente. Quizá pese también la idea de que, a falta de futuro claro, el tiempo ya no cuenta, y no hay mucha prisa para nada. Si todo va a peor, mejor quedarnos como estamos, discurriendo al menos.Yendo más al fondo, ¿se tratará de una cristalización social de la cultura de internet, una plaza pública de debates, de encuentros, de merodeos, de navegación en círculos?Versión optimista (estilo de la casa): ¿un regreso al calor de lo comunitario y participativo?