Cuando parecía -y de hecho sus responsables así lo anunciaban- que se lograba vender el hotel anexo al Palacio de Congresos de Palma y allanar el camino para acabar el complejo de una vez por todas, la pura verdad, en cambio, es que todo sigue muy incierto y a día de hoy nada está garantizado. No se puede afirmar que las instalaciones estén en condiciones de ser estrenadas en un plazo razonable.

El fiasco ha sido tan mayúsculo que en el objetivo ha quedado establecido el peligro. El Palacio de Congresos debe ser acabado. A las autoridades, Govern y Ayuntamiento, les ha entrado la prisa para acelerar el proceso. Saben que el paso del tiempo les deja en evidencia de forma progresiva. El anuncio de que la prestigiosa cadena Hilton optaba a adquirir el hotel ha sido celebrado por Cort y el Consolat de Mar con excesiva precipitación. A falta de abrir la plica económica, el aspirante, del que el teniente de alcalde de Turismo, Alvaro Gijón, habla con sospechoso entusiasmo, no ha sido capaz de subsanar las deficiencias técnicas de su propuesta.

Por otro lado, pese a que ya se había adelantado que las obras se reemprenderían de forma inmediata, el concesionario, Acciona, confirma ahora que, en el mejor de los supuestos, los operarios no volverán a entrar en las instalaciones hasta el mes de enero. Acciona no ha cobrado ni dispone de fecha concreta para hacerlo. El crédito tramitado a través del fondo de pago de proveedores del ministerio de Hacienda no ha llegado todavía. Ahora se dice que puede hacerlo a mediados de este mes de noviembre, pero sin garantías de que Hilton acabe comprando el hotel. La verdad es que nada está atado.

Cort se esfuerza en dar con alguna "solución" jurídica para que la cadena norteamericana acabe gestionando la infraestructura. Es un término demasiado abstracto que requiere concreción. Por eso no puede extrañar que la oposición municipal lance la voz de alarma sobre el peligro de acabar regalando el Palacio de Congresos, un complejo que ya no ilusiona a quienes fueron sus promotores. Ahora, a fuerza de incapacidad para sacarlo adelante, parecen despreciarlo, eso incluido el sector hotelero mallorquín que, a estas alturas, después de incubarlo, salta discutiendo hasta la ubicación de los edificios. Desde que el Grupo Barceló abandonó el proyecto, ningún otro holding turístico mallorquín ha sido capaz de involucrarse en él. No es buen síntoma, ni para la imagen de la hostelería insular ni para una sociedad mallorquina que, a fin de cuentas, pase lo que pase, será la que acabe financiando el Palacio de Congresos.

En el pleno municipal del jueves quedó claro que el PP abre ahora la posibilidad de convocar un quinto concurso "con la mayor rapidez posible" para volver a poner en venta el hotel anexo. El peligro de esta operación es que, con los antecedentes y el cúmulo de despropósitos arrastrados, de no permitirse una licitación muy a la baja, el concurso volverá a declararse desierto. El Palacio de Congresos, sin marcha atrás posible ni alternativas para revertir la inversión, debe acabarse, pero no a cualquier precio. No puede regalarse o malvenderse. En este punto, resulta oportuno recordar a las autoridades que están gestionando el dinero, el patrimonio y los servicios de todos. Tienen la obligación y el compromiso de concluir lo iniciado. Ya no caben más pasos en falso ni entusiasmos vacíos. Antes de volver a anunciar que todo está bien encaminado, deben confirmar y asegurar que así es realmente.