El presidente Rajoy comprometió ayer su futuro en el debate extraordinario sobre el caso Bárcenas, en el que adoptó una estrategia rompedora basada en el reconocimiento del error de haber confiado en Bárcenas y, al mismo tiempo, en la negación frontal de todas las acusaciones de financiación ilegal.

Contra pronóstico, Rajoy, que había sido llevado a rastras a la comparecencia, sorprendió a todos zanjando el caso desde el principio: tras negar expresamente que fuese a refugiarse en el habitual "y tú más" en que incurren con tanta frecuencia los grandes partidos españoles cuando hablan de corrupción, y luego de manifestar que aceptaba comparecer "para evitar que los despropósitos sigan creciendo", admitió directamente haberse equivocado al haber dado crédito al señor Bárcenas, un personaje desleal que no mereció el apoyo recibido cuando aún el partido creía que su implicación en el caso Gürtel había sido obra de los enemigos del PP.

Tras este radical cambio de actitud „hasta hace poco, Bárcenas había sido defendido por la cúpula popular, y hubo todavía algún SMS de comprensión por parte de Rajoy después de descubrirse el dinero suizo del extesorero„, Rajoy negó frontalmente la existencia de doble contabilidad en el PP o la ocultación de algún delito. Se pagaron gratificaciones y sobresueldos en dinero blanco, "como en todas partes", y las demás acusaciones de Bárcenas no tienen "más valor que un renglón escrito al vuelo en un papel arrugado".

A continuación, Rajoy se explayó en una injusta reprimenda contra los grupos políticos y los medios de comunicación que han abonado el caso Bárcenas, y, en un bien construido discurso, con palabras de Rubalcaba en el caso Faisán, hizo un canto eficaz a la presunción de inocencia. También recriminó al PSOE la "amenaza" de la moción de censura, culpándole de generar inestabilidad política, lesiva para el país en los mercados.

Con independencia de la obviedad de que la inestabilidad política la genera la corrupción y no la acción de quienes se oponen a ella, es ahora manifiesto que Rajoy es prisionero de su propio discurso, de forma que su suerte política está ligada a la evolución de las investigaciones judiciales. La negativa de cualquier connivencia con el negocio opaco de Bárcenas „de algún lado han debido de salir los millones de Suiza„ chocaría evidentemente con unas conclusiones judiciales incriminatorias. Todos hemos sospechado que la "contabilidad B" de Bárcenas incluía anotaciones falsas, encaminadas al desahogo de las fobias del extesorero, junto a las que reflejaron movimientos reales, pero la afirmación de que todo es mentira resulta aventurada ya que de las investigaciones del instructor parecen desprenderse ya indicios que apoyarían la tesis de una financiación paralela, basada en las donaciones anónimas al partido.

Dicho de otra forma, es difícil de creer que Bárcenas haya urdido por completo la contabilidad opaca durante veinte años, con el único fin de vengarse de quienes le sorprendieran en falta, enriqueciéndose hasta la náusea. Es más fácil de imaginar que tanto el negocio del administrador desleal como esa contabilidad oculta provinieron de una financiación subrepticia, paralela, que fue también una de las fuentes de financiación del facineroso.

En resumidas cuentas, la justicia ya no sólo tiene en sus manos la suerte de Bárcenas y sus cómplices: también la de Rajoy, ya que éste se ha puesto en sus manos al negar tajantemente cualquier implicación en el relato de Bárcenas.

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