Según Ortega y Gasset, "toda realidad que se ignora, prepara su venganza". Dicho en palabras llanas: la jornada reivindicativa del 14N, huelga general y manifestación, no puede ignorarse. Si no existe voluntad y capacidad de leer y oír tal realidad, existe el riesgo que esta misma realidad rebote contra los ciegos y los sordos.

La jornada del 14N tenía un sentido más amplio que las reivindicaciones laborales concretadas en las cifras insoportables del paro (más de 100.000 personas sin trabajo en nuestra comunidad), así como en la inestabilidad laboral en forma de precariedad. La convocatoria incluía también las reivindicaciones ciudadanas en contra de los recortes de servicios básicos, así como las políticas económicas imperantes, que además de afectar a las clases medias, están convirtiendo a una parte muy significativa de nuestra ciudadanía en personas, familias y colectivos cercanos a la pobreza (29.100 familias con todos sus miembros sin empleo). Dicho lo cual, es importante saber leer y escuchar los resultados de la huelga general y de las manifestaciones. La huelga general no tuvo el éxito que los sindicatos esperaban. Sin duda, los sindicatos necesitan un profundo reciclaje para adaptarse a la sociedad del s. XXI. Como mínimo, el secretario general de UGT, Lorenzo Bravo, reconoció explícitamente que "los sindicatos solos no somos capaces de movilizar a tanta gente". Pero igualmente se me antoja como una visión ciega y sorda la expresada Isabel Guitart (gerente de la CAEB), según la cual en nuestra comunidad no siguió la huelga ni el tato. También las patronales necesitan reciclarse.

En referencia a la manifestación cívica, la alegría va por barrios. Nadie con sentido común puede negar el éxito de las mismas. El mismo vicepresidente de la CEOE, representante de la línea dura de la patronal, reconoció que las manifestaciones cívicas fueron un éxito; incluso miembros destacados del PP también lo reconocieron, aunque fuera con la boca chica. Pero siempre quedan excepciones. Según los medios de la derecha pura y dura tales manifestaciones no existieron; y según la delegada del gobierno de Madrid, en la capital sólo asistieron a la manifestación 37.000 personas, mientras nuestra delegada de gobierno reconoció la presencia de 50.000 personas en Palma, de lo que podría deducirse que en nuestra comunidad la manifestación reunió a más personas que en Madrid.

Sin querer convertir tales manifestaciones cívicas en realidades "gloriosas", es un hecho relevante no sólo el número de ciudadanos sino también su procedencia. No estaban sólo "los de siempre", líderes políticos sindicales y sociales, sino también trabajadores en activo y en paro, familias enteras, profesionales, inmigrantes, autónomos, estudiantes y también un buen número de pequeños y medianos empresarios.

En el contexto de ciegos y sordos, me encontré el mismo día 14 con un militante del Partido Popular que en su día ocupó cargos relevantes. Me hizo el siguiente comentario: "los actuales cargos públicos y dirigentes del Partido Popular de nuestra comunidad, transmiten una imagen de lejanía total con los ciudadanos de carne y hueso". Al perder dicha cercanía se corre el riesgo, los hechos lo demuestran, de que detrás de las cifras y porcentajes de parados y de situaciones críticas no se perciba la existencia de personas y familias reales con cara y ojos. En consecuencia, los gobernantes populares en Madrid y en nuestra comunidad siguen manteniéndose en sus trece, "mantenella y no enmendalla". Las únicas medidas que nos garantizan poder salir de la crisis (no se nos dice ni cómo ni cuándo) son las políticas eco. Mientras, Rajoy y Bauzá mantienen que ya hay síntomas de reactivación económica La realidad machacona, y que se pretende ignorar, demuestra que la adoración exclusiva de los dioses de la austeridad y el déficit no sólo no consigue sus teóricos objetivos, si no todo lo contrario: la recesión económica sigue creciendo, sin que la presión sobre la deuda pública disminuya. Pero, además, nadie nos garantiza que las actuales medidas de recortes sean transitorias y reversibles. La ruptura de la cohesión social y su transformación en una sociedad dual es una realidad difícilmente recuperable.

Como decía Ortega, la ceguera y sordera no anulan la realidad. Más aún, tal realidad, la crisis y sus consecuencias, seguirá revelándose y rebelándose bajo mil y una formas