Stephen Hawkings nos ha explicado que la variable tiempo se mueve en una sola dirección, siempre hacia adelante, y no es posible hacer que vaya hacia atrás. También la historia camina con el sol, hacia poniente, y así a hititas y egipcios sucedió el imperio romano (los otomanos fueron herederos de Bizancio y sucedieron a los mongoles), luego el mundo fue dominado por Europa con Portugal y España primero e Inglaterra y Francia después, para asentarse sobre el Atlántico durante la bipolaridad ruso-americana y pasar luego la hegemonía a los EEUU tras la desaparición del imperio soviético. Los chinos -el Imperio del Centro- vivió durante siglos mirándose el ombligo y ajeno a este ajetreo. Hoy los EEUU son la potencia dominante y lo seguirán siendo durante los próximos años gracias a su enorme superioridad militar y el poder blando de su influencia cultural, pero son ya muchos los que „como Brzezinski, Friedman, Kennedy o Zacharia„ se interrogan sobre los signos de decadencia que ven aparecer en el gigante norteamericano minado por el déficit y una deuda externa desbocada pues sin una economía fuerte no hay ni política exterior ni hegemonía posibles.

Un reciente informe de la OCDE confirma estas tendencia. Así, la economía americana que hoy representa el 23% del PIB mundial reducirá su participación al 16% en 2060 mientras Europa bajará del 17% a tan solo el 9%. Durante el mismo período de tiempo China subirá del 17% al 28% y la India del 7% al 18%. Esto significa una redistribución brutal del poder económico en el mundo porque si hoy los EEUU y Europa, con tan solo el 12% de la población, tienen casi el 50 del PIB mundial, en 2060 esa misma proporción estará en manos de chinos e indios que sumarán entre ambos un 40% de la población del planeta aunque su renta será menos de la mitad de la que todavía tendrá entonces Europa. Ese aumento del poder económico va acompañado de un nacionalismo rampante del que ya hay indicios en las pretensiones hegemónicas que Pekín muestra sobre el Mar de China. No en vano acaba de botar su primer portaaviones. Al parecer, los chinos piensan que el siglo XIX fue el de la humillación, el XX el de la restauración y el XXI será el de la dominación. Lo tienen claro. Se calcula que su economía superará a la americana en 16 años, bastante antes de lo esperado, aunque en estos momentos muestre una cierta desaceleración y un preocupante aumento de la inflación.

De ahí la importancia que adquiere el área del Pacífico. Estados Unidos lo ha entendido y procura que Europa asuma mayores responsabilidades en su propia defensa mientras está desplazando hacia allí el centro de su interés con esquemas de cooperación política (ASEAN), económica (zonas de libre comercio) y bases militares mientras sus jóvenes estudian mandarín y sus políticos buscan un difícil acomodo con una China que es su principal acreedor mundial. Por eso es interesante constatar la coincidencia con la que ambos países renuevan a sus dirigentes: tras una apretada votación popular, Obama cuenta con 4 años por delante y un Congreso dividido en su tarea de restaurar la economía y afianzar su hegemonía, mientras que a resultas de opacas maniobras en el seno del inmenso Partido Comunista Chino, que tiene 83 millones de miembros aunque parece que lo manejan pocas familias, Xi Jinping contará „cuando la Asamblea Popular le designe Presidente en marzo„ con 10 años de ejercicio del poder con muchos menos controles que Obama aunque enfrente retos no inferiores, empezando por la corrupción „que según el propio Xi amenaza a la supervivencia del estado„ y pasando por la gestión de problemas como Tibet y Taiwan, hasta llegar a los derivados de las tensiones que el fuerte crecimiento económico de los últimos años ha exacerbado: diferencias entre ricos y pobres, el campo y la ciudad o el interior y la costa. China puede ser un gigante con los pies de barro. Otro problema muy grave es el de la contaminación como recordarán quienes siguieron los Juegos Olímpicos de Pekín, un aspecto que exige la cooperación urgente entre chinos y americanos, que son los dos mayores contaminadores del mundo, para reducir sus emisiones de CO2 a una atmósfera que es de todos.

De Obama lo sabemos todo tras la agotadora campaña electoral que acaba de concluir en los Estados Unidos. De Xi no sabemos casi nada salvo que sonríe más que sus pares (que ya es algo), que es un comunista "de pata negra" que practica el capitalismo "a la china", que es ingeniero químico, que vivió unos meses en los EEUU y que su mujer es una soprano muy popular. Es deseable que acierte en la ingente tarea de modernización que le espera y que sepa hacer volver sin estridencias a China a un papel protagonista en la geopolítica mundial. No es tarea fácil e implica responsabilidades que no es seguro que Pekín esté ya capacitado para asumir aunque sería bueno que lo hiciera por el bien de todos.