Salud y hogar van de la mano. Practiquemos el mindfulnes un ratico para volver a renovar el reto de vivir en el presente: estamos afrontando una grave crisis psicosocial que emerge cotidianamente a través de dramas personales, familiares y sociales. ¿Porqué no solo es económica la crisis? Ahí van unas cuantas razones: la dimensión del paro, la alta prevalencia de trastornos psiquiátricos, la insostenibilidad de los pilares del estado del bienestar, las altas cifras del paro juvenil, la sobrecarga económica sobre pensionistas que son el puntal para sus hijos sin trabajo, la incertidumbre generalizada, los niveles de pobreza en nuestra sociedad, la exclusión de los más desfavorecidos, la inadecuación de los liderazgos sociales y por una matriz social impregnada de un pesimismo construido con desesperanza e impotencia. Rescatemos al teólogo Cristos Yannaras: "hay que saber distinguir la vida de la supervivencia. Sabemos que la supervivencia significa vida sin sentido y sensibilidad, una muerte arrastrante: comes pan y no te tienes en pie, bebes agua y no sacias tu sed, tocas las cosas y tu tacto no lo siente, hueles una flor y su perfume no te llega al alma". La mente es el cerebro en acción y este es un órgano social. Todos los ciudadanos que están afrontando "posibles desahucios" son población de riesgo para padecer trastornos psicológicos, (abuso de sustancias toxicas y trastornos depresivo-ansiosos). Algunos de ellos pueden desencadenar graves consecuencias, sobre todo según la etapa del ciclo vital y el contexto social. El desahucio tiene una doble dimensión: pérdida de la casa y duelo por el desahucio psicológico. Luto por el hogar y lo que representa: protección, sentido de pertenencia, autonomía, intimidad, privacidad, cohesión familiar y social y sentimiento de amparo. La casa, nuestro hogar, es una metáfora de cómo construimos nuestra vida. El desahucio nos activa la indefensión, la vulnerabilidad, la pérdida de relaciones sociales, la segregación social, la vergüenza, la culpa, el fracaso vital,el estigma social y sobretodo un masivo desamparo. Es una puñalada a la autoestima y una pérdida del significado vital. En algunos casos se da la triada maligna: sin trabajo, sin casa y sin apoyo y arraigo, Estamos en un naufragio duradero donde cada vez hay más exiliados. Como dice D. Gilbert "Si el pasado es una pared sin agujeros, el futuro es un agujero sin paredes ". Los políticos, como casi siempre, al ralenti, superados por las circunstancias y dedicadas a la reflexión metafísica del sexo de los paramecios. Dios cuanta ineptitud. Que tiene que pasar para que dejen de mirarase el ombligo y dediquen sus energías compartidas, no a defender a sus líderes y a sus privilegios, sino a centrase en las soluciones. de los problemas comunes. La mitomanía es la propensión constitucional a alterar la verdad, mentir e inventar fábulas imaginarias. Lo que más teme el mitómano no es la verdad sino el anonimato. Es decir la invisibilidad. Nunca como hasta ahora la clase política ha llegado a tan altas cotas de mitomanía. Afortunadamente el tiempo y la realidad no perdonan a nadie. Es la hora de la ética y la resiliencia. Según Ricoeur la ética "es la ambición de una vida buena, con y para los demás, en instituciones justas". Hoy hay motivos para la esperanza: ya que emerge una nueva ética caracterizada por la capacidad de vernos nosotros mismos en los desamparados, de sentir su angustia y de actuar a su favor. Es la empatia y la solidaridad social en acción. La resiliencia evoca a sobrevivir al trauma, a cerrar las grietas, a sobreponerse y a seguir viviendo dignamente con los demás. Es rescindir el contrato con la adversidad. Como muy bien nos aporta M. Manciaux: "La resiliencia aumenta el sentido de la promesa existencial. clave en el reconocimiento de los derechos humanos y que posibilita un futuro auténtico": La resiliencia conlleva implícitamente el reconocimiento de la limitación de nuestra potencialidades. No puede expresarse sin ayuda. No se es resiliente uno solo. Los dioses romanos protectores del hogar: los manes, lares y penates también desahuciados, han sido sustituidos, por ciudadanos solidarios y generosos que unidos en las distintas plataformas han logrado paralizar y sobre todo sensibilizarnos ante esta lacra social. Su atención focalizada ha hecho que este drama social tenga la visibilidad y el reconocimiento que merece. Solo hace falta que se sumen los políticos y sobre todo los bancos. El tam-tam mediático ha sido un aliado imprescindible. Por cierto ¿algún partido político ha sido desahuciado a pesar de estar embargado?, ¿ ha habido con-donacion bancaria a la partitocracia? Buscaremos bibliografia. Menos mal que los jueces (cuanto los necesitamos) han empezado a dejarse oír y a poner limites. Hay que activar la prevencion primaria y secundaria en salud mental priorizando la atención en este colectivo. La magnífica y eficiente Atención Primaria y los equipos de Salud Mental están en alerta y ya han puesto en marcha los dos primeros niveles preventivos priorizando a este colectivo desde un enfoque biopsicosocial y multidisciplinar.