La sanidad balear ha vuelto a cambiar de patrón sin que llegue a acertarse con la singladura. En ésta la tercera vez, con inicio a finales de octubre, llevará el timón „siquiera en apariencia„ alguien para quien dicho cargo habrá sido como el dulce fruto de su primavera, por decirlo al modo de Garcilaso. Me refiero a esa edad del Conseller en la que sólo es presumible, con la mejor voluntad, recta intención y ganas de aprender.

Sin embargo, no es únicamente eso de lo que población y profesionales están necesitados, dando tales actitudes por descontadas con todo y la falta de pruebas. Y además, ¿qué? El mancebo, el joven si prefieren „aunque el haber despachado en la farmacia de su madre, añade al sustantivo un plus de precisión„, no ha tenido tiempo de acumular suficiente experiencia como para que su conocimiento de la realidad sanitaria sea experimental, dialéctico, podríamos decir científico, así que podríamos estar, a sus treinta añitos, frente a quien no cuente con otro bagaje que el de la ambición y buenas relaciones (máxime entre farmacéuticos), lo que daría razón al filósofo cuando afirmó que la política es la arbitrariedad corregida por el intercambio de favores. Es posible que el flamante conseller padezca insomnio, desde el nombramiento, por saberse inferior a su suerte; inferior en destrezas para acertar con la derrota del barco, aunque en ese caso sólo probaría cierta lucidez que no contribuirá a tranquilizarnos, como tampoco lo que sabemos de su currículum, tan exiguo como inapropiado.

El tierno piloto estudió la carrera de farmacia en la Universidad Cardenal Herrera de Valencia; un centro privado y carito (entre 6.000 y 10.000 euros/año, lo que no puede permitirse cualquiera) que pertenece a la "Asociación Católica de Propagandistas", fundada por un jesuita. Si ello no fuera suficiente para intuir el talante y mimbres de la institución, bastará con fijarse en sus doctores Honoris Causa: entre otros, Aznar y Antonio Cañizares, el de la Conferencia Episcopal. La joven promesa trabajó en los años siguientes y hasta 2011 en la botica materna al tiempo que hacía algunos masters: en farmacia asistencial y uno de marketing en Deusto, no sé si para vender o mejor venderse a su valedor tras ejercer de concejal de la oposición en su pueblo natal. Después, Director General de Farmacia un año escaso y aquí lo tenemos, sin saber de la asistencia sanitaria y su complejidad salvo por referencias, pero convertido en el responsable político por designación.

Lo de primum non nocere (lo primero no empeorar las cosas), una máxima en el ámbito asistencial, puede haberse convertido para el joven en "primum un servidor", dado que el no dañar, el meollo del consejo hipocrático, se diría ajeno a las medidas que la Consellería ha adoptado desde que accedió al cargo la inefable Carmen Castro. A día de hoy sigo preguntándome, respecto al treintañero, no el porqué habrá sido elegido para tamaña responsabilidad (lo cual parece obvio si descartamos currículum y experiencia contrastada), sino cuáles habrán sido las reflexiones que le hayan llevado a aceptar, dado que suponerle con seguridad y confianza en sus habilidades se antoja imposible a no ser que estuviésemos frente a un iluminado. Queda la hipótesis de que el mancebo haya concluido que amancebarse con el poder cuanto antes, producirá réditos a medio plazo por lo de primum el menda, aunque ello signifique, en plazo corto, vivir con el amén a flor de labios con tal de progresar. Y para el Vicepresidente Económico señor Aguiló, el auténtico gestor en el manejo de ese 40% que representa la partida sanitaria en el conjunto del presupuesto, miel sobre hojuelas.

En las actuales circunstancias, donde priman los recortes (a los centros sanitarios, a los enfermos€) sobre cualquier otra consideración, lo apropiado es no hacer presunciones que aventuren resultados lesivos para la ciudadanía. Son preferibles planes simples, de corte economicista y, para ello, convendrá contar con alguien ignorante en buena medida del terreno que pisa. Porque no tendrá empacho en pisar sin contemplaciones a inmigrantes, trabajadores, pacientes o presuntos. En semejante tesitura, no hay cosa mejor que contar con un monaguillo (suelen ser también jovencitos) que no se rebote, que decida al dictado y asuma lo que es precepto entre monaguillos cuando no tienen clara su actuación, es decir: ante la duda, genuflexión.

Con tal comportamiento, el porvenir del comparsa estará libre de complicaciones, se alabará su firmeza, su determinación, y en los círculos próximos no se mencionará que el servilismo, máxime si está en juego la salud de la población, añade a la mediocridad un certificado de ignominia. Naturalmente que hasta aquí se trata, hoy por hoy, de presunciones con mayor o menor fundamento; si el porvenir demostrase fehacientemente que estoy equivocado y se ha aupado al cargo a un auténtico crack, aun a falta de un par de hervores, no tendré empacho en desdecirme desde estas mismas páginas. Aunque me temo que no nos caerá esa breva.