Cuentan los expertos que los hispanos han sido decisivos en la reelección de Obama. En los Estados Unidos, hay 24 millones de hispanos con derecho a voto, de los que más de doce millones se registraron como electores, y tres de cada cuatro de ellos votaron por el candidato demócrata, mientras sólo un 23% lo hacía por el republicano Romney. En Colorado, Obama obtuvo el 87% del voto hispano; el 80% en Nevada; el 66% en Ohio, etc.

El voto también ha quedado condicionado por la religión -Romney era mormón- y por la etnia: Obama es afroamericano, lo que le ha generado simpatía entre los de su raza€ En definitiva, el melting pot norteamericano, crisol de culturas de orígenes diversos, ha generado una compleja fusión de voluntades claramente mestiza: la democracia ha obrado el portento de engendrar un profundo sentimiento de pertenencia -el patriotismo es proverbial en la gran nación- que se ha expresado con enriquecedora policromía a la hora de votar.

Europa es aprendiz en la disciplina del mestizaje pero, por fortuna, también se cruzan cada vez más en nuestros viejos países gentes diversas que se funden hasta dar lugar a un magma enriquecido. Por eso, en este ambiente de cosmopolitismo, diversidad y pluralidad física, moral e intelectual, resulta patológico el particularismo antiguo y reconcentrado que exhibe el nacionalismo catalán.