Rozando los seis millones de parados, el 25% de tasa de de-sempleo que anuncia la última EPA nos sitúa, en palabras de Luis Garicano, "en lo más profundo de la gran depresión". Fátima Báñez anuncia los primeros brotes verdes „¿dónde?„, a la espera de la probable ralentización de la economía americana en 2013. Ante la magnitud de los recortes, está dentro de lo previsible que el paro se incremente algunos puntos en los próximos años, quizás medio millón de personas, para entrar luego en una cierta atonía. Con el paso del tiempo el retrato de la crisis se va clarificando, y no a favor de España: un shock internacional que provocó el estallido de la multiburbuja (inmobiliaria, financiera, de la Administración Pública y del endeudamiento privado), en un contexto de indudable transformación de las estructuras productivas globales. Al igual que sucede con los huracanes, los procesos de condensación pueden ser largos para luego precipitarse en un abrupto acceleran-do. En nuestro caso, sin embargo, la convalecencia será lenta y posiblemente se extienda hasta finales de la década. La economía española carece de la flexibilidad suficiente para que sea de otra forma, sobre todo cuando se han agotado las grandes vetas de crecimiento. Si la Transición funciona como una metáfora recurrente en los últimos meses, debemos tener en cuenta que consolidar una nueva tradición industrial forma parte de los deberes inequívocos del presente. La clave del éxito de las naciones es su ímpetu de reformismo constante, su adaptación continua a una realidad cambiante, móvil y crecientemente entrelazada.

También cabe interpretarlo de otro modo: no existen alternativas a la internacionalización, aparte de la deriva autárquica; lo cual significa que nada puede seguir igual. Por un lado se encuentra el salto tecnológico; por otro, la irrupción en el tablero de las potencias emergentes, que basan su prosperidad en el ahorro y la exportación. Me parece constatable que la recuperación - allí donde ya se ha alcanzado - se desliga cada vez más del empleo, especialmente si es de calidad. Triunfan los mini-jobs y la multiocupación, al tiempo que los pilares del Estado del Bienestar se debilitan. Para el conjunto de la ciudadanía, algunas tendencias resultan inequívocas: hay que concebir el currículum profesional como la cartera de servicios de una empresa en miniatura, la actualización continua se hace imprescindible, escasea el trabajo fijo y de calidad y, en definitiva, es preciso incluir el horizonte global „con factores como los idiomas o la movilidad„ en el ADN del trabajador. En las sociedades líquidas que imperan hoy en día, el inmovilismo no es considerado una virtud.

Baumann ha señalado que uno de los problemas del mundo moderno es que genera sin cesar lo que él denomina "detritus humano", esto es, trabajadores, ciudadanos que, por un motivo u otro, no logran ajustarse a los cambios y son expulsados con crueldad del sistema. Cabe pensar que una parte del 25% de parados en España nunca conseguirá reincorporarse al trabajo. A su vez, también se puede argumentar que las sociedades reacias a la adaptación corren el riesgo de colapsar. Ambas contingencias constituirían una tragedia que no debemos permitir. La salida pasa por reconocer que el futuro sigue en nuestras manos, si tomamos las decisiones acertadas.