Parece como si esta tierra estuviera abocada a todos los avatares y peligros del mundo moderno. Lo que no ocurre en ninguna parte o, aún peor, las desgracias y accidentes de cualquier lugar, conocidas de inmediato por el efecto informativo instantáneo, se han empeñado en hallar su reflejo y similitud en este archipiélago con fama de tranquilo y ocioso. La comunidad educativa y la sociedad mallorquina en su conjunto recibieron ayer, por sorpresa, el impacto de la noticia de la detención de un joven de la isla, de 21 años, que acababa de adquirir a través de internet 140 kilos de material explosivo. Juan Manuel M.S. era observado de cerca por la Policía desde hace cinco meses porque, tras su comportamiento tranquilo, de expresión parca y escasa relación social, se amagaba una persona que a través de su blog y las redes sociales se interesaba por las ideologías fascistas y los grupos de tintes racistas. Buscaba vínculos conr quienes, como él, según dejó constancia en sus escritos, sentían rechazo por el mundo universitario y determinados grupos sociales. Al anunciar la detención, la Policía ya confirmó que el joven tenía la intención, nada menos, que de atentar contra las instalaciones de la Universitat. Quería emular la masacre de Columbine, en Estados Unidos „había dejado testimonio escrito de la admiración hacia sus autores„ que en 1999 costó la vida a una decena de estudiantes.

La detención de tal individuo es un notable éxito policial. Todo el mundo lo ha reconocido. Se han evitado males y tragedias mayores. El ministro del Interior, Jorge Fernández-Díaz, fue uno de los primeros en felicitar en público a la Policia de Balears. No hay mal que por bien no venga. La asombrosa noticia de Palma le ha venido como anillo al dedo al ministro para derivar la atención sobre el varapalo que le dió ayer el juez Pedraz al archivar la causa de los detenidos por la manifestación del 25-S en Madrid y advertirle del deterioro de la acción política.

Volviendo al suceso de Palma que nos ocupa, la rectora Casas reafirmó la condición de espacio para la democracia y la libertad de la UIB. En general, las reacciones se movieron entre el estupor ante lo que se estaba preparando y el alivio por haberlo impedido. Sin embargo, quien más quien menos se sigue preguntando hoy porqué una mente como la de Juan Manuel, instalada en el odio incomprensible y el aislamiento enfermizo, puede maquinar la planificación de masacres como la abortada, contemplando incluso la autoinmolación del autor. Se van conociendo detalles del modo de vida y las costumbres de este joven que se acababa de independizar, así como de la actuación policial que le ha cerrado el cerco, pero la pregunta sigue latente.

Con el grave incidente que se preparaba en la UIB confirmamos por igual que el peligro sigue latente y puede saltar en cualquier lugar y momento. Mejor no pensarlo. Pero también costatamos que existen medios técnicos, humanos y profesionales para evitarlo. La realidad impone precaución y cautela, es un envite a la madurez y la búsqueda de salud colectiva en aras de una mejor cohesión social que, en la medida de lo posible, sea capaz de ahorrar sustos como el de ayer.