07 de junio de 2012
07.06.2012

Regulando la quiebra

07.06.2012 | 08:30
Regulando la quiebra
Bruselas, es decir, la Comisión Europea —que viene a ser algo así como el Gobierno del continente, si gobernase— ha decidido proponer al Parlamento Europeo —que sería eso, un parlamento, si legislara— y al Consejo —que no sé qué es, ni pretendo averiguarlo, habida cuenta de sus nulos actos— un nuevo marco regulatorio del sector financiero. El decir de los expertos, se trata de impedir lo que está a punto de suceder por culpa, entre otros asuntos menores, de Bankia: que se cree un fondo común europeo para rescatar de la quiebra a los bancos. Ante una revolución de ese estilo, los diarios titulan la noticia diciendo que Bruselas propone que sean los accionistas de cada entidad financiera quienes carguen con las consecuencias de la bancarrota. Cuánta clarividencia y sentido común se desprenden de tales palabras. Pero eso no es lo que se deduce de la propuesta del nuevo marco. Lo que dicen desde Bruselas es que cada palo aguante su vela, sí, pero trasladando a los Estados miembros de la Unión la responsabilidad de crear un fondo interno para hacer frente a tales desaguisados y sugiriendo que sea el propio sector financiero quien provea el dinero necesario.
Vaya broma. Los bancos españoles necesitan, al decir de las autoridades que se sientan en el despacho principal de los ministerios que llevan eso de la economía, cerca de 40.000 millones de euros para poder salir a flote. En pesetas, la cifra es de 6,6 seguida de doce ceros. Y en semejantes condiciones, ¿van a soltar los fondos necesarios para que Bankia siga pagando a sus consejeros sueldos de sátrapa oriental?
La respuesta negativa puede verse, con el optimismo de los redactores de los titulares de las noticias, como el camino que llevará a Bankia a quebrar. Pero, vaya por dios, el Estado es ya el principal accionista del banco así que no serán los dueños que se beneficiaron de dividendos, incentivos y demás prebendas quienes carguen con la ruina del banco sino el erario público, es decir, nosotros. Y si eso no sucede, si el Gobierno español —que no el europeo— decide salvar de la quema a Bankia, o a quien venga detrás, ¿saben de dónde saldrán los dineros necesarios? Pues sí: del mismo cajón público. Así que, nos pongamos como nos pongamos, la noticia de la ocurrencia de Bruselas no es excelente sino pésima en tanto que quienes gobiernan en España sigan aplicando la máxima que establece que los bancos son privados cuando ganan dinero y públicos cuando lo pierden.

Nos podría salvar la campana. Entre Comisión, Parlamento y Consejo, con el añadido del G-20 0, si lo prefieren, del G-dos-pi-erre, igual la perdiz se marea de tal forma que muere en el intento. De mismo modo en que Bruselas eterniza sus pasos cuando es cosa de ayudarnos, tal vez se vuelva tortuga de las Galápagos mientras piensa en cómo crucificarnos aún más. Así sería pero, ¡ay!, entramos en el terreno de la Ley de Murphy. Puede que sea ésa la primera iniciativa llegada de la Europa profunda capaz de ser aprobada en un santiamén.

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