La recién iniciada campaña electoral catalana ha arrancado en medio de una inconfesada pero evidente lucha por el centro político, que de tan obvia tiene visos cómicos, como ha subrayado con genialidad literaria Quim Monzó: "Montilla alerta de la fractura que provocaría un pacto entre CiU y ERC. Puigcercós dice que esto es un infundio para sembrar el miedo y que más ya ha decidido pactar con el PP. No lo ve así Sánchez-Camacho, que afirma que CiU se ha vuelto independentista. Mas no entiende que le llamen independentista y, a la vez, que digan que pactará con el PP. Coincide con Puigcercós al calificar de infundio del PSC el pacto entre CiU y ERC y en considerar que Montilla quiere sembrar el miedo. Pero no está de acuerdo con lo otro que dice Puigcercós, y asegura que CiU no pactará con el PP. Eso sí: abre la puerta a la posibilidad de establecer con él pactos puntuales. Acto seguido, avisa de que, si PSC y PP sumasen, ambos se plantearían un pacto a la vasca".

En definitiva, los dos grandes partidos, PSC y CiU, se esfuerzan por ocultar sus rasgos radicales que han sido su razón de ser en estos siete años de ´tripartito´: Mas niega ahora el soberanismo, Montilla repudia la constante preferencia del vector catalanista sobre el progresista mientras Mas pelea, en fin, por recuperar el aprecio de la pequeña burguesía moderada, enemiga de cualquier aventura, fácilmente impresionable, en tanto Montilla busca desesperadamente la reconciliación con las bases del cinturón rojo de las ciudades industriales, con las clases medias mucho más preocupadas por su instalación económica y social que por los vectores identitarios.

En esta búsqueda poco creíble de la moderación, PSC y CiU rehúyen, como es lógico, cualquier contacto con ERC y PP, que serían los representantes genuinos de la estridencia. ERC, independentista y con su pátina antisistema (todavía, a pesar del baño institucional), es para CiU el referente de lo que no debe ser el catalanismo. El PP, españolista y con un ambiguo discurso sobre la inmigración, tampoco es el compañero de viaje adecuado para quienes compiten por representar la cordura, la serenidad, el sentido del Estado, la ponderación, el eclecticismo, conscientes de que en estas coordenadas está la "mayoría natural" de Cataluña.

El PP, por su parte, está corriendo un riesgo al recluirse en este monotema del rechazo a la inmigración irregular, que en Europa es más bien propio de minorías radicales y no de las grandes opciones de poder. Con tal mensaje, el PP cristaliza las adhesiones que ya tiene, pero dificulta el previsible acuerdo inexorable CiU-PP si se cumplen las previsiones de las encuestas, según las cuales Mas quedaría cerca de la mayoría absoluta y el PP podría otorgarle la investidura y la estabilidad parlamentaria como ya ocurrió durante la última legislatura de Pujol al frente de la Generalitat.

De cualquier modo, es sintomático y tranquilizador que cuando se aproxima la hora de que los ciudadanos emitan su inapelable dictamen, los grandes partidos realicen esfuerzos evidentes por mostrar moderación, templanza y cordura –el proverbial ´seny´- para tratar de seducir a las mayorías sociales, tan alejadas como siempre de excesos y radicalismos.