Hubo un tiempo en que cierta prensa consiguió relevancia con el entonces llamado ´periodismo de investigación´, un género infortunadamente escaso en este país y, desde luego, víctima de toda clase de eufemismos y tergiversaciones. Pero casi enseguida surgieron los especialistas en la invención de teorías conspirativas, hábilmente urdidas y manejadas para mover los hilos de los diferentes poderes y hasta para chantajear a unos y a otros.

Pero, para su desgracia, estos expertos piensan que los ciudadanos, los lectores de periódicos, los seguidores de los medios no tenemos memoria. De ahí que no se percaten de que su credibilidad ha caído arrasada hace tiempo por su propia desvergüenza. No se puede intoxicar al personal con conspiraciones imposibles y pontificar acto seguido con argumentos éticos.

Unas declaraciones de González sobre la lucha antiterrorista han abierto nuevamente la caja de los truenos. Pero no deberían perder de vista los aventureros "conspiranoicos" que mientras la perspectiva ha hecho brillar la obra de González, las marrullerías informativas de los "investigadores", con el paso del tiempo, han empezado a oler descaradamente a corrupción.