Estuve unos días en África, concretamente en Sudáfrica, y tuve la oportunidad de visitar Ciudad del Cabo, la False Bay (falsa Bahía), el Cabo de Buena Esperanza, donde se encuentran los océanos Atlántico e Índico, donde los grandes temporales y tormentas y en donde, en esta época del año, las ballenas se reúnen en aquel santuario marino para aparearse, en el que no sólo no son molestadas sino que son protegidas por las autoridades, ciudadanos y visitantes. También tuve ocasión de ir al norte de aquel país, adentrarme en la sabana –bush– y vivir en plena naturaleza subsahariana, pude contemplar los grandes animales –"los cinco grandes"–, rinocerontes, hipopótamos, búfalos, elefantes, leones, etc. etc. y observar que viven en perfecta armonía con el medio, la flora, la fauna y con el hombre. La naturaleza, dura, es respetada, mientras que aquí en Balears, donde tenemos un medio hermoso y amable, lo destruimos impunemente. Asimismo pude comprobar que Nelson Mandela dejó una nación que vive en paz, que sus habitantes, blancos y negros, conviven perfectamente y que todos miran hacia delante, quieren progresar y mejorar su nivel de vida. Mandela estuvo 27 años en prisión por defender la democracia y la igualdad entre blancos y negros y al salir en vez de revanchismo propugnó el entendimiento y la colaboración entre unos y otros y funcionó y sigue funcionando. Qué ejemplo para nuestro país en el que algunos intentan ahora remover la historia después de que hace más de 35 años, también se decidió pasar página y avanzar.

En el vuelo de regreso a España pedí un periódico español, me dieron uno atrasado, en mala hora, con lo tranquilo que estaba yo leyendo el Herald Tribune. Me llevé un sofocón, leí que se hacían conjeturas sobre la posible opción de un partido liderado por Belén Esteban y que según una encuesta de Sigma 2, podría pasar a ser la tercera fuerza política española. Esta perversa posibilidad tiene una lectura, a mi juicio muy clara, crisis de valores y falta de credibilidad en el sistema político. Gran parte de la población, de derechas, izquierdas, o centro se "engancha" a la tele basura, por falta de ilusión y confianza en proyectos políticos, culturales o comunitarios que se ofrecen, si se ofrecen… Sustituir educación, cultura, inteligencia por programas televisivos mugrientos en los que la chabacanería, vulgaridad, zafiedad y el mal gusto campan libremente es dañino. Airear e interesarse por la intimidad de personas poco recomendables es un serio problema que tiene la sociedad española. En algún momento habrá que decir ¡basta ya! La gente se identifica con estos personajes por su desvergüenza y sólo se puede entender esta adicción como lenitivo para una ciudadanía desencantada con la política. En Francia hubo una situación parecida con un cómico de gran éxito que ridiculizaba a los políticos y en Italia, una stripper, Cicciolina, entró en el parlamento italiano como diputada por el Partido Radical. En la Cámara tuvo incluso una intervención mostrando sus pechos. Afortunadamente estos atrevimientos políticos suelen tener poco recorrido.

Estamos viviendo un tiempo político muy interesante, se está produciendo un rechazo ante la corrupción, una catarsis propiciada por la Justicia y los propios partidos que seguramente tendrá beneficiosas consecuencias para la "cosa pública". Es hora de que pasemos página, que se dignifique el ejercicio de la política, que se gestionen los intereses de la ciudadanía de forma honesta y eficaz y que se recupere la confianza, de lo contrario el descontento y el rechazo hacia lo que se ha puesto en evidencia pueden acabar quebrando el sistema democrático.