José Ramón Bauzá ha impuesto en el PP balear una estrategia bifronte, arriesgada, muy arriesgada, con la que piensa, junto a quienes le secundan, que puede conducirle a obtener una sólida mayoría absoluta en las elecciones de mayo de 2011. Consiste en dar un brusco cambio a todo lo que han sido las conductas del PP en la cuestión lingüística, alineando al partido con las directrices y proclamas provenientes de Madrid y de Cataluña, donde reiteran sistemáticamente que el castellano está siendo marginado y se agudiza la coacción a favor del catalán, y, al mismo tiempo, hacer poco menos que tabla rasa de la era Matas; de ahí la decisión de prescindir de los imputados o la no anunciada de excluir a todo el que haya desempeñado un cargo preponderante en la ahora ominosa etapa del exministro y expresidente.

Ocurre que cunde la sospecha de que José Ramón Bauzá o bien no opera conociendo todo los datos o ha decidido jugárselo todo a esta como mínimo inestable carta. El PP está formado por un entramado de intereses (como todos los grandes partidos) en el que lo sustantivo de la llamada "part forana" parece tener algunos intereses contrapuestos a los de Palma y sus zonas adyacentes; la eliminación de Font o la neutralización de Pastor lesionan, aunque sea de refilón, estos intereses, por mucho que sea cierto que lo que se vota en las elecciones son la siglas PP importando muy poco que las abandere un apellido u otro. Además, para lo que está haciendo Bauzá, el alejamiento de los hasta ahora pesos pesados puede acabar siendo beneficioso para avanzar en su proyecto de cambiar sustancialmente el partido de la derecha mallorquina. No piensa Bauzá, ni quienes aquí y en Madrid le asesoran, que se dé un coste electoral perceptible, sabiendo que las elecciones municipales y autonómicas serán convertidas por la dirección del PP en la antesala de las elecciones generales. Unas elecciones para empezar a batir al PSOE, que es lo que de verdad moviliza al voto de la derecha, que en Mallorca nunca ha dejado de ser abundantísimo.

Este planteamiento, acompañado de más o menos concretas promesas de cambio del modelo lingüístico, y habiendo sepultado la era Matas, es el que permite a Bauzá colegir que transita con decisión la senda que conduce al PP a la conquista de todo el poder autonómico, sin excepciones. Que María Salom sea la candidata a presidir el Consell de Mallorca, se convierte, pues, en un asunto sin más trascendencia que la que tiene el haber dejado fuera de la partida a quienes, desde el primer momento, se tenía pensado dejarlos fuera, aunque hubieran respaldado la entronización del alcalde de Marratxí.

¿Qué se hace con José María Rodríguez, el presidente del PP en Palma? Bauzá sabe que para completar su estrategia Rodríguez no puede ser el candidato a la alcaldía de Palma. Rodríguez conoce que Bauzá dispone del respaldo de Madrid y que es precisamente en Madrid donde reside la decisión final sobre quién es el que encabeza la candidatura a la capital de una comunidad autónoma. ¿Hasta dónde puede llegar la negativa de Rodríguez a secundar los planes de Bauzá? ¿Es factible que Madrid y Bauzá acepten la candidatura de Rodríguez, que ha sido consejero del Interior en el Ejecutivo de Matas? Es uno de los flecos que Bauzá necesita resolver; tal vez se decante por hacerlo presentando los hechos consumados y diciendo: es lo que hay, lo tomas o lo dejas.

Si como creen en el PP, la diferencia existente en las encuestas con el PSOE se mantiene, el resultado electoral está predeterminado y los conservadores se alzarán con un triunfo contundente. Resta por saber si los agraviados, que empiezan a no ser pocos, se van a conformar con las promesas de que algo se les dará o si, por el contrario, van a ponérselo difícil a Bauzá. Lo que haga Rodríguez será, desde luego, un indicador sumamente fiable de por dónde irán las cosas.