El martes, día 2 de noviembre, se celebran en los EEUU las llamadas "elecciones de mitad del curso" que se convocan cada cuatro años intercalándose con las presidenciales que tendrán nuevamente lugar a finales de 2012.

Son muy importantes porque renovarán la totalidad de los 431 miembros de la Cámara de Representantes o cámara baja, un tercio de los 100 senadores -en concreto 37 porque se añaden algunos fallecimientos- y también 37 de los 50 gobernadores que tiene el país, uno por estado.

El Legislativo tiene en Estados Unidos una enorme importancia y peso, pues participa muy activamente en la definición de la política diaria sin estar tan controlado por el Ejecutivo como ocurre en Europa. La estrecha relación que existe entre elector y elegido junto con la inexistencia de la llamada disciplina de voto aseguran una independencia desconocida en nuestro continente.

Por eso es muy importante tener un parlamento que colabore y eso es lo que no parece que vaya a conseguir el presidente Obama, a juzgar por lo que dicen todas las encuestas de opinión, que aseguran que la intención de voto favorece a los republicanos por 56 a 41 por ciento.

¿Qué ha sucedido para que Obama haya perdido en dos años 20 puntos y su popularidad haya bajado de un índice de aprobación del 67% a tan sólo el 47%?

La respuesta tiene que ver con expectativas exorbitadas, políticas incomprendidas, guerras impopulares, promesas que ha sido imposible cumplir y, sobre todo, la mayor crisis económica de los últimos 80 años que ha dejado desempleados a 15 millones de norteamericanos (9,7%) en un país donde perder el empleo es aún más dramático que en Europa pues las coberturas sociales son menores y la propia seguridad social depende de tener trabajo.

Desde luego, no todo ello es achacable al presidente Obama, que mi juicio tiene la virtud de querer transformar el país de acuerdo con sus convicciones, y no quiere pasar a la Historia como el primer presidente negro de los EEUU –eso ya lo ha conseguido– sino como el primer presidente negro que además deja huella como antes hicieron desde Lincoln a Johnson, pasando por Franklyn D. Roosevelt y John F. Kennedy, que son los modelos en los que le gusta mirarse.

Un ejemplo es la reforma del sistema estadounidense de asistencia sanitaria, con la finalidad de dar cobertura a 30 millones de americanos que carecían de ella (!) y de reducir el precio de un sistema que cuesta el doble en términos de PIB que el español y que estaba abocado a la quiebra. Obama sabía que le iba a costar votos y sin embargo no se arredró por ello. También se enfrentó a los poderosos lobbies de Wall Street con su reforma del sistema financiero que nos ha conducido a la crisis sistémica que todos sufrimos.

La consecuencia es que poderosos intereses se le han puesto en contra y como resultado los candidatos republicanos reciben más donaciones que los demócratas para sus campañas electorales, mientras el Tea Party moviliza a los votantes conservadores enarbolando las banderas del control del déficit y de la reducción del tamaño y de la influencia del gobierno. Por su parte los jóvenes y los hispanos que le votaron masivamente en 2008 muestran su desencanto alejándose de las urnas. Los primeros porque no ha cumplido promesas como cambiar "los modos de Washington" o cerrar la prisión de Guantánamo, entre otras cosas, y los segundos porque no ha aprobado la reforma de la normativa migratoria en un país con unos doce millones de ciudadanos "irregulares". No lo ha hecho porque le falte voluntad, sino porque le han faltado los votos, igual que le ha ocurrido para poder legislar sobre energía o cambio climático.

Todas las encuestas afirman que estas elecciones darán un serio varapalo al Partido Demócrata, que tendrá menos senadores, menos representantes y menos gobernadores que antes y eso plantea la interesante cuestión de ver cómo gobierna a partir de ahora el presidente Obama. Puede optar por moderar sus políticas (como hizo Bill Clinton cuando su partido perdió las cámaras en las elecciones de Mid-Term) y buscar el entendimiento con sus adversarios políticos, puede optar por el enfrentamiento y acusar del consiguiente bloqueo a los republicanos o puede pensar que la política interna se le escapa y optar por un mayor protagonismo internacional que es un ámbito donde es mayor la autonomía del Ejecutivo frente al Legislativo.

De momento Obama está cambiando a buena parte del equipo que le acompaña en la Casa Blanca para enfrentar con ánimo renovado los dos últimos años de su primer mandato mientras su principal asesor electoral, David Axelrod, se dispone a diseñar la campaña electoral para las presidenciales de 2012. Y es que el tiempo vuela.