13 de noviembre de 2009
13.11.2009
Tribuna

Estuve allí y no "las" vi

12.11.2009 | 21:51
"Se suponía que la legalización del aborto iba a suponer una gran libertad para las mujeres; pero ha tenido el efecto perverso de liberar a los hombres y de atrapar a las mujeres", escribe Richard Stith, profesor en la Valparaíso University School of Law (Indiana, Estados Unidos).
Y no le falta razón a dicho profesor. Estuve en Madrid el 17 de octubre, vi a miles de jóvenes pero a ellas no "las" vi. Si, a esas activistas que se jactan de proclamar la defensa de la mujer y la dejan sola ante el aborto.
La legalización del aborto concede al hombre un nuevo medio para obtener lo que quiere. En una cultura que está construida en buena medida sobre el machismo, la legalización del aborto coloca a las mujeres en una posición inferior; el aborto concede a los hombres una nueva herramienta para manipularlas como objetos sexuales.
Los grupos de activistas que hacen campañas para la legalización del aborto, deberían tenerlo en cuenta.
El resultado de todo esto es que, al final, la madre se queda sola con su derecho a elegir, como la única responsable. "Por primera vez en la historia, el padre, el médico y el seguro médico pueden apuntarla con el dedo como la persona concreta que permitió que viniera al mundo un ser humano inconveniente" sigue diciendo el profesor Stith.
La reforma de la ley del aborto adoptada por el gobierno español se presenta como una "solución moderada" y adecuada a lo que es normal en el entorno europeo. Pero con el reconocimiento del aborto como un derecho de la mujer, deja de haber una ponderación entre la libertad de la madre y la protección de la vida del feto, y se abre la puerta a prácticas nada normales, como la posibilidad del aborto en función del sexo o el aborto por motivos eugenésicos.
Para avalar la ley de 1985, el Tribunal Constitucional estableció una ponderación entre los derechos de la mujer y el bien jurídico de la vida del feto, sin que ninguno de los dos tuviera primacía absoluta. Esta condición desaparece.
Pero el gobierno dice que se trata de una solución "moderada". Incluso se quiere transmitir la idea de que supone acotar el aborto, porque con la ley actual no hay ningún plazo para abortar si se invoca el grave riesgo para la salud de la madre, lo cual –se reconoce ahora– ha dado lugar a abusos innegables.
Si confrontamos el proyecto con la legislación extranjera, lo primero que se advierte es que una ley de plazos no es lo más común en las legislaciones sobre el aborto. Según el resumen sobre World Abortion Politics 2007 que ofrece la División de Población de la ONU, el porcentaje de países que permiten el aborto para salvar la vida de la madre es el 97%, mientras que el aborto a petición como el que consagra una ley de plazos es admitido en el 28% de los países, que representan el 40% de la población mundial.

La consideración del aborto como derecho de la mujer y los plazos previstos permiten eliminar la vida del feto por motivos que nada tienen que ver con la sanidad.
Una de ellas es el aborto por razón de sexo. Ya hay técnicas que permiten determinar el sexo del feto y algunas enfermedades genéticas antes de la semana 14 de gestación. Por lo tanto, una pareja que sepa que el hijo esperado no va a ser del sexo que desean, podrá decidir el aborto sin más explicaciones.
En España, podría darse así una curiosa contradicción entre la Ley de Reproducción Asistida, que considera infracción muy grave la selección de sexo con fines no terapéuticos, y la ley del aborto, que abriría la puerta a la eliminación del feto por razón de su sexo.
En los casos de los bebés con síndrome de Down, prácticamente el 95% son abortados, aunque luego parezca muy "solidario" que el festival de cine de San Sebastián premie la actuación de Pablo Pineda, joven con esta afección.
Ya actualmente, según datos de 2007, los 112.138 abortos suponen que la tasa alcanza casi un aborto por cinco embarazos. Esto indica con claridad que la interrupción voluntaria del embarazo se ha convertido en un medio de control de natalidad de última instancia. ¿Es previsible que vaya a disminuir si la ley reconoce el aborto como derecho y da más facilidades para abortar?
Pero ellas seguirán solas ante el drama del aborto mientras los hombres miran hacia otro lado.

(*) Delegado del Instituto de Política Familiar de Balears

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