Leo, con estupor, que una gran autovía transversal que debería unir la Comunidad Valenciana con Extremadura y que constituiría un inteligente elemento de ordenación y de desarrollo territoriales no va a construirse para proteger al lince ibérico. Supuestamente, tal infraestructura impediría la comunicación y conexión entre dos territorios donde todavía habita este animal: los Montes de Toledo y Sierra Morena.

Sin duda, la protección y preservación del lince nos interesa a muchos. Tanto por razones objetivas de defensa de la biodiversidad cuanto por las indirectas que relacionan esta conservación con la calidad de vida, con el mantenimiento de un medio ambiente lo más acogedor y menos contaminado posible. Sin embargo, argumentar la debilidad de una especie animal autóctona para condicionar de este modo el progreso es simplemente un disparate.

Tiene que haber -y hay, sin duda- sistemas estructurales que compatibilicen la construcción de una autovía con la defensa de las especies animales autóctonas. Elevando tramos de calzadas, aislándolas del entorno, etc. Y hay que avanzar precisamente en esta dirección de la compatibilidad para que nadie tenga que elegir, demagógicamente, entre el desarrollo y la preocupación ambiental.