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Opinión

¿Qué es la identidad mallorquina?

Hay personas e instituciones que consideran asunto de primera necesidad y urgencia defender su, nuestra identidad. La que, según algunos, sufre riesgos de contaminación o sustitución ya sea por la presión de "una cultura global unidimensional", ya sea por la "movilidad" (voluntaria/obligada) que propicia la presencia de personas (extranjeros/inmigrantes) culturalmente diversos. Pero, sin negar la posible relevancia del problema identitario, es imprescindible preguntarnos (y responder en lo posible) cuáles son los rasgos que nos definen como colectividad.

Antes de ausentarme de Mallorca, ahora estoy a miles de kilómetros, la presidenta de nuestro Consell pretendía nombrar un nuevo conseller dedicado a defender y propiciar la "identidad mallorquina". Pero, ¿qué es la identidad mallorquina?

Mucho me temo que con excesiva frecuencia nos limitamos a hechos meramente folclóricos o culturales en su sentido literal. Sin duda es relevante recuperar el uso colectivo del ball de bot o del recitado de gloses. Puede ser significativo recuperar ciertas tradiciones, incluidas las receptes de cuina. Más importante es revalorizar nuestros autores, desde los literarios a los plásticos, desde Ramon Llull hasta Miquel dels Sants Oliver pasando por Miquel Barceló. Evidentemente es constitutivo básico de nuestra identidad nuestro idioma propio, el catalán con todas las variables fonéticas que se quieran. Pero, con ser relevantes tales indicadores no son suficientes.

En primer lugar, la identidad cultural de un pueblo nunca puede ser monolítica ni excluyente. Toda identidad cultural tiene componentes mestizos. La diversidad es parte sustancial de una identidad real y consistente. La inclusión de la modernidad en todos los ámbitos es perfectamente compatible, incluso necesaria, para superar una identidad rancia. Lo que no implica necesariamente que el trilingüismo sea una manifestación de modernidad.

En segundo lugar forma parte fundamental, o debería hacerlo, de nuestra identidad nuestro patrimonio histórico, arquitectónico y urbanístico. Así como nuestro patrimonio natural, la peculiaridad de nuestro territorio, nuestra calidad medioambiental. Nuestro territorio insular está sufriendo una agresión tal, que a medio plazo, será irreconocible y difícilmente diferenciado de un land. Las hiperurbanizaciones, sin calidad ni carácter, van surgiendo como bolets. Nuestras macrocarreteras, aunque se hagan como mallorquinitat, van escalectrizando nuestra isla. No falta quienes hablan de nuevos puertos deportivos.

La modernidad no está peleada, antes al contrario, con un urbanismo respetuoso con el patrimonio histórico. Pero algunos pueblos (¡no todos!) están perdiendo su carácter en base a edificios extraños y múltiples adosados. Palma se está convirtiendo en una ciudad improvisada e impersonal, donde su centro histórico puede terminar siendo un museo de cartón piedra.

Incluso aquellos que quieren potenciar, legítimamente, nuestra actividad económica básica, el turismo, deberían defender nuestro patrimonio cultural y natural. La aparición de nuevos destinos alternativos, nos obliga a apoyar nuestra competitividad en un producto diferenciado y propio. Convertir Mallorca en un destino sin personalidad propia es un error, un inmenso error, no sólo por razones de querer mantener identidad colectiva propia, sino también por simples razones económicas. ¿Estamos en la buena dirección en la defensa de nuestra identidad colectiva? Mi respuesta es negativa.

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