Lo de mens sana in corpore sano era antes. Ahora, con toda la porquería que dan o inyectan a los deportistas, con toda la suciedad que rodea el deporte y con todas las mafias que ponen podios y derriban campeones, aquel adagio latino se ha quedado en un fósil de otros tiempos deportivos. Esperemos que, como las golondrinas de Bécquer, aquellos tiempos vuelvan a colgar sus nidos de nuestros balcones. Por la cuenta que nos trae.

De lo contrario, al deporte, como tal deporte, le podemos cantar el "gori gori" porque lo que habrá en su lugar será mafias, negocios sucios, estraperlistas de anabolizantes, sacaperras, químicos, ladrones? Y en lugar del deportista tendremos al "anfeta-man", un hombre que batirá marcas, que superará al viento en los cien metros lisos, correrá la maratón como las gacelas y, montado sobre una bicicleta, será capaz de escalar el Naranco de Bulnes sin levantarse del sillín.

Que el deporte mueve millones ya lo sabíamos, pero lo que no pensábamos es que, con la televisión e internet, se llegase hasta estos extremos. El deporte se transforma en un puro negocio económico con la consiguiente pérdida del espíritu deportivo del Marqués de Coubertin. Pero la televisión manda. Todo se supedita a ella: horarios, competiciones... y deportistas. Intereses ajenos pasan a mediatizar la noble competición. Y en su entorno crece la picaresca, los negocios rápidos y la explotación del deportista, a quien se le exige cada día más, hasta atiborrarlo de lo que sea, si hace falta.

Éste es un verano especialmente interesante para los amantes de los deportes: Primero, la Eurocopa, después el Tour y a continuación los Juegos Olímpicos? Y enganchamos ya directamente con la liga. Y como que sin televisión no hay deporte, su pantalla es el escenario en el que se fraguarán victorias y se enjuagaran lágrimas de derrota. Con independencia de que se vean colmadas o no nuestras aspiraciones y los medalleros de nuestros equipos y selecciones, la verdad es que el espectáculo está servido. Y sin televisión no hay deporte, porque lo que no está en televisión o en internet, no existe.

Y hablando de internet, alguien nos ha aguado la fiesta al proyectar una sombra de duda sobre los podios y medalleros. Ya sabíamos que algo había, pero que no podíamos ni intuir que pudiera alcanzar tamañas dimensiones. De entrada, la prensa daba cuenta -en algunos medios una simple nota en página de sucesos- des desmantelamiento por la policía del "hipermercado virtual de la droga del deporte" con "miles de clientes" en toda España y contactos con otras redes internacionales.

¿Y por qué digo que era virtual? Porque operaba a tiempo real a través de su página web. Una página con abundantes e ilustres visitantes y con cola de compradores, de los que la nota policial no daba ningún nombre. Una especie de globalización de la droga. Y nos hemos enterado de la variedad del muestrario ofertado: estimulantes, esteroides, epos, anabolizantes, hormonas, sustancias que aportan energía, píldoras para contrarrestar la fatiga, medicamentos para aumentar la masa muscular? Algunos de estos productos se destinan ilegalmente para el engorde del ganado, tales como anabolizantes y finalizadores de las vacas y corderos, pero aquí se trasladan a los deportistas. Y se dice que, con todo ello, se hacían mezclas -a gusto del consumidor- o se alteraban composiciones. Que el deporte era una droga ya lo sabíamos por la capacidad de "enganche" que tiene, pero siempre lo decíamos en sentido figurado. Ahora alguien intenta darle un sentido literal. La verdad es que da miedo pensar en todo ello. Escarrufa.

Antes de este capítulo, ya nos habíamos acostumbrado a la utilización política del deporte. Recuerdo un hecho que ha pasado a la antología del manejo turbio y chapucero del deporte. Eran los Mundiales de fútbol de 1986, coincidiendo con las elecciones generales. Butragueño marca su famoso gol y aparece sobreimpreso en la pantalla de TVE el lema Vota PSOE. Así, con toda la desvergüenza del mundo. Al final, todo quedó en una reprimenda a un técnico. Explicación: no paraba, era un revoltoso, siempre "estaba jugando" con el teleprinter, con la mesa de mezclas y con los botones? Realmente quien jugaba -y sucio de verdad- no era el técnico. Eran otros? Tal vez los mismos que ahora califican de propaganda lo que es promoción limpia y abierta de Balears en acontecimientos deportivos, como el ciclismo, a través del equipo "Illes Balears". Por cierto, con resultados más que aceptables hasta el momento.

Con este panorama, tengo un buen trabajo si quiero imbuir a mi hijo la idea de que, desde sus actuales escarceos deportivos con el balón, el deporte es algo más que todo ese mundo tenebroso y triste que he pintado hasta aquí. Que deporte también es eso: superación, disciplina, esfuerzo, espíritu de equipo, solidaridad?

Es la otra cara de la moneda. Si tanto la televisión como internet encierran serios peligros para el deporte, también aportan ventajas esenciales. Como no quiero que la moraleja de este comentario sea derrotista, en la parte positiva apuntaría la aportación que hace "la pantalla" -sea tv o sea net- a la profesionalización, al impulso de la práctica deportiva y a la popularización de algunas disciplinas que nos eran desconocidas. Sin olvidar que la mejora económica de los deportistas y el saneamiento de los clubes, asociaciones y federaciones garantiza la continuidad de los grandes eventos mundiales como los que vivimos este verano. Y las citas de Atenas, Portugal y el Tour suponen una reválida para la relación entre televisión, internet y deporte. Fuera de la basura que rodea este mundo, como espectadores, lo nuestro es disfrutar del espectáculo. Asomarnos a la pantalla y capturar sus emociones. Y en éstas estamos.

(*) Joan Huguet Rotger es portavoz del Grupo Parlamentario Popular.