Cuando tía Práxedes leyó en los papeles que tras su luna de miel, de un mes de duración, los Príncipes de Asturias don Felipe y doña Letizia reanudarían su agenda de actividades, o sea "de trabajo", asistiendo a la fiesta de onomástica de don Juan Carlos, o sea para entendernos, del padre y el suegro respectivamente, se quedó como traspuesta y encandilada: "Me vino a la memoria lo del Creador, quien tras toda una eternidad sin actividad conocida, para seis días que se puso a hacer algo, al séptimo descansó". Me apresuro a decir que esa versión "El Génesis según mi tía" debe ser tomada en modo alguno por irreverencia, sino como una simple licencia literaria.También me cuenta que cuando tras la boda diluviando chuzos y casi tan grandiosa como la de Anita Aznar con Agag en el Escorial, leyó que los recién casados habían marchado a Cuenca, se dijo que está muy bien lo de la austeridad, la sencillez, y lo de "Como en España ni hablar", en fin, todo eso, pero sin pasarse. Y con todos los respectos para Cuenca, casas colgadas y morteruelo incluídos, como viaje de luna de mil la cosa queda un poco cutre. Menos mal, pensó ella, mi tía Práxedes, que al parecer los principescos novios ya se habían tomado un anticipo allá por Miami, cosa que trascendió debido al enojoso incidente del aduanero americano que les hizo abrir las maletas porque no lo había reconocido, y eso que en tal ocasión don Felipe no llevaba esa cerrada barba que hay que ver cuánto le modifica el careto.Ahora el CIS ha hecho una encuesta sobre la monarquía preguntando a los españoles entre otras cosas si creían en el "origen divino" de los Reyes, y obviamente la mayoría de encuestados han dicho que nanay del Paraguay. Menos mal, piensa uno, ya que lo contrario hubiera sido sumamente preocupante, desde el punto de vista de la salud mental de los españoles. Es como si salieras a la calle a preguntar si creen en los Reyes Magos: la inmensa mayoría de adultos contestarían que "son los padres", y con ellos puede que también no pocos de los monstruitos bollicao, salvo los dispuestos a mentir para no perder el chollo. Bueno, pues tan anacrónica pregunta, la del presunto origen divino de los monarcas, anacrónica como una cornucopia rococó, ha soliviantado a parte de la derecha, mayormente la mediática, presentando la cosa poco menos que como un torpedo del rojerío ahora gobernante contra la línea de flotación de la monarquía, o sea como si dijéramos del Fortuna o del Bribón. "Qué tontería", sentencia mi tía, recordando de paso que los grandes abrazos de don Juan Carlos a Felipe nunca los recibió José María Aznar, por algo será.Ni que decir tiene que para quienademás de republicano, es ateo, la pregunta sobre el origen divino de los reyes es doblemente estratosférica. En cualquier caso el verdadero "origen" de la reinstauración monárquica en España habría que localizarla histórica y originariamente en un tal Francisco Franco Bahamonde, aunque eso sí, con posterior legitimación democrática, indiscutible, al cabo de los acontecimientos sobradamente conocidos. O sea que al decir de tía Práxedes, si se puede cuestionar el origen divino de don Juan Carlos I, como Rey "no hay que descartar la posibilidad de que el famoso brazo incorrupto de Santa Teresa algo tuvieran que ver en el asunto". Y ya despendolada por las simas de la frivolidad, añade ella que en todo caso le resulta sumamente difícil percibir ni asomo de vestigios divinos en la tradicional campechanía de nuestro monarca, dicho sea eso a favor suyo.

Otra cosa sería al "aura"y el cierto distanciamiento que los reyes les convendría mantener, y que no pocos de los vástagos de las dinastías europeas han decidido allanar y tomarse a beneficio de inventario como quien dice. Arriesgan bastante más de lo que pudieran imaginar. Por extensión, tía Práxedes opina que doña Letizia no debiera "embolicar" tanto a su esposo con su familia política, o sea la de ella. Eso de que los maridos pasan casi a no tener más familia que la de sus mujeres, está bien -pero tampoco- para clases medias tirando para abajo. "Su boda fue todo menos un casamiento corriente, y al Heredero de la Corona le conviene casi todos menos una mesocracia tribal". Para "divino" -sugiere- la "bauxa" asturiana de la segunda boda del suegro del Príncipe, por el juzgado, más informales que arregladitos, incluido el típico "boroña preñada" o sea pan con chorizo. Oh, cielos.