Entrevista |
Nicolau Mir: «Llego a París mucho más confiado en mis posibilidades que en Tokio»
El gimnasta mallorquín del equipo español afronta su segunda cita olímpica más consolidado en el panorama internacional y con mayor madurez deportiva

Ncolau Mir posa en la sede de ConectaBalear en el polígono de Manacor antes de viajar a los Juegos Olímpicos / P. F.

A sus 24 años, Nicolau Mir llega a los Juegos Olímpicos de París con la experiencia vivida en Tokio y la evolución positiva de tres años en los cuales no ha parado de mejorar sus resultados.
El gimnasta del Coll d’en Rabassa ha destacado con su club, el Xelska, tanto a nivel nacional como internacional hasta el punto de colgarse el oro este año en la Copa del Mundo celebrada en Turquía en el ejercicio de paralelas.
Mir se fija como objetivo en la capital francesa "entrar en la final por equipos" y estar codo con codo junto a los favoritos.
Unos Juegos Olímpicos son el evento por excelencia para cualquier deportista que ha dedicado su vida entera a la alta competición. ¿Qué le supone poder participar por segunda vez?
Es el sueño de cualquiera de nosotros desde que compite por primera vez en su disciplina. Me siento un afortunado, será mi segunda participación y eso quiere decir que hay mucho trabajo detrás. Voy a París para disfrutarlo mucho porque no puedo pensar más allá. El covid lo cambió todo en Tokio y, a pesar de que pudimos vivir la experiencia olímpica, las restricciones no permitieron que hubiese público. Ahora en París espero poder vivir al cien por cien la experiencia completa de unos Juegos Olímpicos.
¿Qué es lo que más echó de menos en Tokio?
El contacto personal era escaso entre deportistas porque teníamos que pasar constantemente pruebas PCR o de antígenos y llevar mascarilla todo el día. Pero creo que aquello que eché más en falta fue el público. No es lo mismo un pabellón con 10.000 personas que uno vacío, nunca había competido en esas condiciones. Ahora tengo muchas ganas de vivirlo con toda la gente. Es cierto que puede ponerte nervioso, pero forma parte de la competición y me motiva. Eso es lo que más vamos a disfrutar en comparación a tres años atrás.
Otra diferencia respecto a los últimos Juegos será la cercanía de París con Mallorca y la posibilidad de recibir el apoyo de su familia y entorno. ¿Le supone un plus de motivación?
Sí, afortunadamente en casi todos los Mundiales y Europeos mi madre ha sido una fiel seguidora. A París vendrán casi doce personas entre mi novia, hermano, primos y amigos. Se plantearon venir a Tokio, pero luego vino el covid. Lo que está claro es que, en condiciones normales, hasta Japón no hubiesen podido venir tantos, pero te ayuda mucho saber que están allí apoyándote y dándote el último empujón aunque no puedas verles entre tanta gente que abarrota la tribuna.
Pasado un ciclo olímpico, ¿cuánto ha evolucionado el Nicolau Mir de París respecto al de Tokio?
En gimnasia un mal día o cuatro milímetros de margen de error te lo pueden cambiar todo. Personalmente, como gimnasta, he logrado consolidar muchos más ejercicios y elementos que antes. Cuanto más maduras, puedes competir con mayor confianza. Ya no solamente elevar el nivel de dificultad, sino hacerlo con más calidad. Creo que esa es la principal diferencia. Es cierto que han cambiado algunos ejercicios respecto a Tokio, pero ahora llego mucho más confiado en mis posibilidades.
Siempre habla de China, Japón o Estados Unidos como intocables. ¿Cómo se les puede sorprender?
Nunca se sabe. Tal vez podríamos decir que son casi intocables. No le deseas un error a nadie, pero en gimnasia puede pasar cualquier cosa desde una mala caída y cada punto cuenta mucho en este deporte. La cultura que tiene cada país, más allá del deporte, marca muchas diferencias. Los japoneses son muy organizados y su mentalidad les permite que en gimnasia sean muy disciplinados. He podido viajar allí y entrenar con ellos. Entonces te das cuenta que esa es su forma de vida y competir completamente distinta a la nuestra. Además esta disciplina es mayoritaria allí y eso, al final, hace que por estadística ya te ganen.
¿Siente más orgullo o responsabilidad por ser un referente para la gimnasia masculina mallorquina y balear, tradicionalmente minoritaria dentro de esta disciplina?
Más que responsabilidad, es orgullo. No considero que sea una carga. Estoy encantado de poder echarles una mano. En el día a día no lo piensas tanto, pero sí te das cuenta cuando sales fuera a un campeonato de España o de Europa. Si entrenas cada día al lado de un Rafel Nadal, le humanizas. Aunque sí es cierto que noto que los pequeños gimnastas se fijan en mí. En el grupo de entrenamiento comparto gimnasio con ellos y siempre intento aconsejar y ayudar en todo lo que pueda para que se enfrenten a la competición y la gestión de los nervios. Siempre les digo que me pregunten lo que quieran saber.
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