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Análisis: Ensayo aprovechado, por Ricard Cabot

Es verdad que cantar victoria en el deporte antes de hora es excesivamente arriesgado, por no decir una temeridad. Pero eran pocos los que pensaban que, primero Delbonis, y después Seppi, serían capaces de derrotar a Nadal, por mucho que haya estado dos meses inactivo por su lesión de muñeca. A partir de ahora empieza lo bueno. Si el físico le aguanta -el dobles y, a partir de hoy, el mixto es un problema, se mire como se mire- el mallorquín lo tiene muy bien para optar a una segunda medalla tras el oro obtenido en Pekín. Eliminado Djokovic y ausente Federer, Murray y Nishikori se presentan a priori como los únicos rivales que pueden derrotarle. El escocés parece invencible y ante el japonés no podrá permitirse errores.

Nadal ha regresado con hambre de tenis. Este es su mejor aval mientras va cogiendo la forma. Basta verle celebrando los puntos, aun en partidos asequibles. Una vez más, y van, el de Manacor se levanta tras un contratiempo. Su inigualable carácter competitivo y, por supuesto, su contrastada calidad, le convierten en un rival incómodo para cualquiera.

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