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Estreno esperado

Crítica de 'Euphoria (HBO Max, temporada 3)': la serie fenómeno regresa con sátira hiriente, ambición visual y Rosalía como bailarina de 'strip club'

Sam Levinson se divierte cruzando géneros en una temporada que arranca con los personajes tropezando en sus primeros pasos en la vida adulta

Tráiler de la nueva temporada de 'Euphoria'

HBO Max España

Juan Manuel Freire

'Euphoria (temporada 3)'

Creador y director: Sam Levinson

Reparto: Zendaya, Jacob Elordi, Sydney Sweeney, Hunter Schafer

País: Estados Unidos

Duración: 60 min. aprox. (8 episodios; tres vistos para reseña)

Año: 2026

Género: Drama

Estreno: 13 de abril de 2026 (HBO Max)

★★★★

Muchas series (a priori) adolescentes cometen el error de contar con actores al borde de la treintena (o ya bien entrados en ella) como estudiantes de instituto. Sam Levinson, creador de 'Euphoria', ha urdido una solución ingeniosa para no prorrogar esta dudosa tradición. En la esperada tercera temporada del fenómeno de HBO, que ha acabado llegando cuatro años después de la anterior, los protagonistas han acabado el instituto e incluso (en algún caso) los estudios superiores y se mueven tentativamente en la veintena, esa época en que la vida se pone seria y hay que decidir quién se quiere ser.

De la primera de quien sabemos es, claro, Rue (Zendaya), esa joven eternamente zarandeada por la adicción, el amor y la pérdida. "Mucha gente me pregunta qué he estado haciendo después del instituto", dice su voz en off. "Nada bueno". Seriamente endeudada con la traficante de drogas Laurie (Martha Kelly), trabajó para ella durante algunos años, utilizada como mula para el tráfico de fentanilo y repartidora de entregas. Por esas cosas de los negocios turbios, acaba trabajando, algo más tarde, en uno de los cinco clubs de 'striptease' del gánster Alamo Brown (Adewale Akinnuoye-Agbaje): el Silver Slipper, un lugar en medio del desierto, pero muy colorido, donde chicas del carisma de Magick (Rosalía en un papel por ahora muy pequeño, pero con momento estelar de baile) son menos víctimas de un sistema misógino que reinas poderosas.

Todas ellas son tentaciones para Rue, aunque no deje de pensar en Jules (Hunter Schafer), quien ha seguido sus instintos de artista y estudiado para depurarlos. Cubre gastos ejerciendo como 'sugar baby', es decir, dejándose mantener por hombres mayores, sobre todo el cirujano plástico casado al que da vida Sam Trammell. Las escenas entre ambos parecen sacadas de una nueva temporada de 'The girlfriend experience', la extinta serie sobre la intersección de sexo y capitalismo con base en la película de Soderbergh de igual nombre. 

Un día de boda

Por su parte, Cassie (Sydney Sweeney) y Nate (Jacob Elordi) viven en una burbuja republicana de barrio residencial. Ella está haciendo sus pinitos como modelo erótica con ayuda de una criada que ejerce de improvisada camarógrafa. A él no le hace ninguna gracia, pero su futura esposa se defiende alegando que solo está "creando contenido". Nate lleva ahora la constructora de su padre (Eric Dane), cancelado y casi enchironado por sus inclinaciones sexuales, pero el negocio ha resultado ser mucho más complejo y frágil de lo esperado. Si no es por las poses de Cassie como perrita o bebé adulta, igual no hay ni dinero para las flores de una boda que está al caer. Se desarrolla (de aquella manera) en un agitado tercer episodio con Ty Taylor de Vintage Trouble como imitador de James Brown. 

¿Quién nos falta? Por desgracia, nos falta Fezco (el fallecido Angus Cloud), aunque el personaje siga presente en la trama en cierto modo. La chica a la que un día adoró, Lexi (Maude Apatow), hermana pequeña de Cassie, trabaja ahora en un culebrón a las órdenes de una veterana 'showrunner' encarnada por Sharon Stone. Su protagonista está representado por la agencia en la que trabaja Maddy (Alexa Demie), exnovia de Nate y exmejor amiga de Cassie. Por mucho que estos personajes quieran reiniciar su vida, encontrar una autonomía, el destino va a seguir juntándolos de maneras misteriosas. 

Elegir creer

Según ha explicado Sam Levinson, esta temporada tiene como inspiración el tercer paso de Alcohólicos Anónimos, que consiste en rendirse a un poder mayor que nosotros mismos. En los tres primeros episodios se habla de la posibilidad de la fe, pero tampoco en exceso. Como Ainara (Blanca Soroa) observando a las monjas del convento en 'Los domingos', Rue tiene una especie de epifanía cuando una familia cristiana la acoge brevemente en su granja. Le habla sobre ello a su padrino en AA, Ali (Colman Domingo), durante otra charla a corazón abierto en el Frank's Restaurant, escenario del episodio bisagra de 2020 'Las rayadas no son eternas'. Rue llega a una conclusión: elige creer.  

Pero algo que distingue a esta temporada de 'Euphoria' de sus predecesoras, al menos por ahora, es una menor carga emocional. Hay ráfagas de intimidad sincera en algunos reencuentros, incluido el de Rue y Ali, pero Levinson parece más preocupado por pasárselo bien cruzando géneros (lo que empezó como turbio drama adolescente tiene ahora partes de comedia de acción, 'thriller' de narcotráfico o tragicomedia de 'strip club') y cultivando una sátira de Hollywood, la cultura pop y la sociedad estadounidense no tan afilada como quiere creer. Por momentos, estamos en claro territorio de 'The idol', dicho esto no exactamente como un cumplido, claro. 

Lo que no se puede negar es, otra vez, el poder cinematográfico del proyecto. La nueva libertad de los personajes se traduce en planos abiertos y paisajísticos que merecen ser vistos en la pantalla más enorme. Cierta épica wéstern ondea en el aire, como si la primera vida adulta fuera un poco el Salvaje Oeste. Buena parte de la temporada se ha rodado en 65 mm, un formato de altísima calidad raramente usado en cine y menos aún en televisión. Cada capítulo es un festín visual importante, un objeto estético cuidado al detalle que a ratos no cuesta tanto imaginar proyectado en un museo. Con sus defectos, esta temporada de 'Euphoria' apunta a Gran Evento Cultural de la primavera

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